Sobre el cuento, en Confabulario

“Hasta hace una década el cuento era considerado, en el peor de los casos, un aprendizaje para la novela y un ejercicio indispensable para todo escritor joven. Hoy apenas se escriben cuentos entre nosotros. Ello podría reflejar un fenómeno planetario: las funciones que llenó el cuento en los grandes semanarios a partir de los cuarenta del siglo xix, han sido ocupadas por las series de televisión y por el cómic. Es decir, por formas masivas, tecnificadas e industrializadas del cuento. El género  ha pasado a ser, pues, una materia prima para la industria de la diversión…”
José Emilio Pacheco

“El cuento va a contracorriente de esa tendencia porque el cuento obliga al lector a renovarse en esfuerzo imaginativo al principio de cada nueva historia; probablemente para los hábitos de pereza mental que tienen la mayoría de los lectores sea algo que los desanima, pero curiosamente entre los niños sí hay esa disposición a renovar ese esfuerzo imaginativo porque cuando uno le cuenta un cuento a un niño en la noche, antes de dormirse, quiere otro y otro y otro y realmente es agotador tener que estar inventando tantos cuentos para satisfacer esa curiosidad inagotable de los niños. Digamos que el cuento es un género entonces que trata de refrescar la imaginación de los adultos para que recuperen esa gran agilidad mental que tuvieron en la infancia…”
Enrique Serna

“La relación entre los personajes es como un sistema de gravitación: un personaje se mueve a un lado y al hacerlo afecta a otro. Eso es lo que resulta interesante en las historias. Así como en la medida en que un planeta se acerca al sol se mueve más rápido, lo mismo pasa con los personajes. Hay otros personajes que los hacen acercarse a gran velocidad y hay otros que los repelen o los hacen alejarse. En este sistema de gravitación, a veces las correspondencias son fascinantes: cómo una persona se puede parecer a otra y puede tener una complicidad y luego cómo se rompe esta complicidad. ¿Hasta dónde conocemos a las personas? Porque después de Kepler sabemos cómo giran los planetas, pero nadie sabrá nunca cómo se mueven las personas”.
Juan Villoro

Vayan para allá.

Habla, memoria – Oliver Sacks (fragmentos)

(Fragmentos del texto de Oliver Sacks en The New York Review of Books. Hay que recordar que Vladimir Nabokov tituló a su biografía así, Habla, memoria. Hoy, aquejado de cáncer, Oliver Sacks se despide con gratitud de sus lectores).

«Es sorprendente darse cuenta de que algunos de nuestros recuerdos más preciados pudieron nunca haber ocurrido, o pudieron haberle ocurrido a otra persona. Sospecho que muchos de mis entusiasmos e impulsos, que parecen totalmente míos, han surgido a partir de la sugestión de otros, que me han influido poderosamente, consciente o inconscientemente, y luego lo he olvidado. Igualmente, mientras que a menudo doy conferencias sobre temas similares, nunca puedo recordar, para bien o para mal, lo que he dicho exactamente en ocasiones anteriores; ni puedo soportar ver a través de mis notas anteriores. Al perder la memoria consciente de lo que he dicho antes, y que no tiene texto, descubro mis temas cada vez, y a menudo me parecen totalmente nuevos. Este tipo de olvido puede ser necesario para una criptoamnesia creativa o saludable, una que permite a los viejos pensamientos reensamblar, retranscribir, reclasificar, para dar implicaciones nuevas y frescas.

»A veces, estos olvidos se extienden al autoplagio, cuando me encuentro a mi mismo reproduciendo frases u oraciones como si fueran nuevas, y esto puede agravarse, a veces, por una verdadera falta de memoria. Mirando al pasado a través de mis viejos cuadernos, me parece que muchos de los pensamientos esbozados en ellos fueron olvidados durante años, y luego revivieron y vuelto a trabajar como nuevow. Sospecho que esos olvidos le ocurren a todo el mundo, y pueden ser especialmente comunes en los que escriben, pintan o componen, pues la creatividad puede requerir tales olvidos con el fin de que los recuerdos y las ideas puedan nacer de nuevo y verse desde nuevos contextos y perspectivas.

»Una vez que una historia o un recuerdo se construyen, acompañados por vívidas imágenes sensoriales y fuertes emociones, no puede haber manera interna, psicológica, de distinguir lo verdadero de lo falso de manera externa, incluida la neurológica. Los correlatos fisiológicos de la memoria pueden ser examinados usando imágenes funcionales del cerebro, y estas imágenes muestran que los recuerdos vivos producen una activación generalizada en el cerebro que involucra áreas sensoriales, áreas emocionales (límbicas) y ejecutivas (lóbulo frontal), zonas donde un patrón es prácticamente idéntico si la “memoria” se basa en la experiencia o no.

»Al parecer no hay ningún mecanismo en la mente o el cerebro capaz de garantizar la verdad, o al menos el carácter verídico, de nuestros recuerdos. No tenemos acceso directo a la verdad histórica, y lo que sentimos o afirmamos que es verdad […] depende tanto de nuestra imaginación como nuestros sentidos. No hay manera de que los acontecimientos del mundo se puedan transmitir o grabarse en nuestro cerebro directamente; son experimentados y construidos de manera muy subjetiva […] (El neurocientífico Gerald M. Edelman habla a menudo de percibir como “crear”, y de recordar como “recrear” o “recategorizar”.) Con frecuencia, nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos unos a otros, y a nosotros mismos, las historias que continuamente recategorizamos y refinamos. Tal subjetividad está integrada en la propia naturaleza de la memoria, y se deriva de la base y los mecanismos del cerebro humano. La maravilla es que las aberraciones brutales son relativamente raras, y que, en su mayor parte, nuestros recuerdos son relativamente sólidos y confiables.

»Nosotros, como seres humanos, nos aterrizamos con sistemas de memoria que tienen falibilidades, debilidades e imperfecciones, pero también una gran flexibilidad y creatividad. La confusión sobre las fuentes o la indiferencia de ellas puede ser una fuerza paradójica: si pudiéramos etiquetar las fuentes de todo nuestro conocimiento, estaríamos abrumados con información muchas veces irrelevante.

»Esta indiferencia a la fuente nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos dicen, lo que otros dicen, y pensar, escribir y pintar tan intensamente y ricamente como si fueran experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con otros ojos y oídos, para entrar en otras mentes, para asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda la cultura, para celebrar y contribuir a la mente común, la mancomunidad general del conocimiento. Este tipo de intercambio y participación, esta comunión, no sería posible si todos nuestros conocimientos, nuestros recuerdos, fueron marcados e identificados, vistos como privados, exclusivamente nuestros. La memoria es dialógica y surge no sólo de la experiencia directa, sino del intercambio de muchas mentes.»

¿Por qué?

¿Que por qué?
porque sí.
¿Por qué no?
Por todo
(enumero y describo, te recorro)
y nada
(porque te amo y ya)
Porque eres tú
voz y piel, capricho y razón
porque me llevas al límite
porque me haces y rehaces
me separas y reparas.
Eres mi Tema.
Aunque no te sirva de nada
aunque no me entienda
aunque sea a destiempo
retrasado yo

siempre.
sin palabras
sin peros
y a pesar de los no obstantes.

 

Medios y política

“El periodista observa la vida privada de los hombres públicos y se entromete en su trabajo, asiste como puede a las reuniones a puerta cerrada y se hace de documentos reservados: el periodista escucha lo que no debe escuchar y mira lo que no debe mirar en la búsqueda afanosa de los datos y signos que informen a la sociedad de lo que ocurre en las esferas del poder”, escribió Julio Scherer, el gran periodista mexicano del siglo XX, fallecido este miércoles a primera hora.

¿Cuántos casos como el del ex alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, el perredista Ricardo Gallardo Carmona, detenido por la PGR, se conocen públicamente?, ¿cuántas veces se rumora de enriquecimiento, de manejos turbios, de alianzas en la oscuridad, y cuántos tienen eco en los medios? ¿Cuántos funcionarios parecen estar trabajando y sólo piensan en el salto a otro puesto, en incrementar sus arcas personales?

El presidente municipal de Soledad hizo alianzas, se impulsó para la gubernatura, fue acusado de populista al buscar hacerse de bases mediante obsequios y programas sociales para públicos determinados, y se promocionó en todos los medios. Pintaba bardas, y alardeaba de un municipio “con gallardía”. Apenas pidió licencia fue aprendido y trasladado a Hermosillo. Han caído ya alcaldes de Michoacán. Quizá su suerte, como la del alcalde de Iguala, Guerrero, José Luis Abarca, acusado de asesinatos y tratos con los cárteles, hubiera sido distinta de no ser por la desparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

Parece que a veces con cualquier prueba se puede empezar un juicio, hay otras que por más que haya testimonios y documentos, no pasa nada. Esta justicia que parece selectiva, el “hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”, son la marca de la política mexicana, del favor, del compadrazgo. El caso de la “casita blanca” de Enrique Peña Nieto según las autoridades judiciales devino en un “negocio entre particulares”, cuando, como apuntó un columnista, si hubiera sido en cualquier otro país con independencia de poderes se hubiera tenido que abrir de oficio un caso.

“¿La verdad? ¡Ustedes no saben qué hacer con la verdad!”, dicen emulando al personaje de Jack Nicholson todos los políticos. Las acusaciones y rumores, por más fundados que estén, son difíciles de probar en un país donde ajustician, desaparecen o se cambia la escena del crímen sin mayor problema. Tintes políticos, envidias, rumores malintencionados. Se ríen.

Todos hemos oído esas voces acerca de las construcciones y remodelaciones de propiedades de funcionarios, o del “guardadito” que hacen otros para hacer campaña, o las licitaciones que no cumplen con las especificaciones. A todos los niveles, federal, estatal o municipal.

Julio Scherer, fundador de la revista Proceso, parteaguas del periodismo mexicano, proclamaba: “Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”.

Fue Proceso lectura semanal desde que tengo memoria. El estilo de Scherer era casi telegráfico, mas emotivo: la palabra exacta, la puntuación y la sintaxis demoledoras, directas al blanco. El libro La piel y la entraña me mostró que se puede hacer periodismo literario, aunque sean pocos los que logran crear esta dualidad que tanto se parece a aquel centauro del que hablaba Alfonso Reyes para referirse al ensayo. Los académicos, los periodistas y los escritores suelen ser criaturas distintas, sin esperanzas (o ganas) de hibridarse, de reconstruirse.

Testigo y ejemplo, motivo permanente de análisis, Scherer se ha ido. Pocas voces dudan y cuestionan, casi nunca en los medios tradicionales. Hoy contamos con redes sociales donde hay voces que han evitado o dado a conocer triquiñuelas, negocios, enriquecimientos o asesinatos: los políticos están más vigilados. Hay quien dice que hay más transparencia pero poco se ha logrado en el aspecto de rendición de cuentas. Depende de todos que esta las opiniones, críticas y propuestas no sólo se conozcan, sino que influyan en tomas de decisiones, en castigos, para evitar que se repitan ciclos de opresión, impunidad y cinismo, sean del partido que sean.