Cacotanasia

Cada día subimos al tranvía (o camión o avión o movemos los pies) y cruzamos por inercia o por costumbre (por necesidad) un camino (una calle, una plaza, un jardín) para llegar a un lugar (aula, casa, trabajo). Cada día como miss DuBois dependemos de la amabilidad de los extraños, o al menos de su deseo de vivir. Quizá de su deseo de respetar nuestra vida.

Cada día es una odisea. Un adolescente puede enloquecer y llegar disparando a la escuela, un comando puede tratar de cazar a una persona se atraviese quien se atraviese, una persona decide que es quien debe castigar a los otros (infieles, contrarios, molestias), alguien más decide suicidarse en un avión a su cargo.

Cacotanasia. La muerte acompañada (dicen que el apocalipsis es eso: tener la esperanza de que no nos iremos solos) como desquite. Nuevos faraones que se hacen enterrar con los que los rodean, enfermos de apatía ante todas esas historias truncas.

Y sí, hay accidentes aunque hay quienes los niegan. Hay muertes imprudenciales, más de las que debiera, como las que ocasiona un conductor que dormita o la de hace unos días, cuando entre tantos mataron y remataron a un deportista, entre las cuerdas, en vivo. Hay una edad en que se se habla de muerte natural, en que todo se desvanece, y la cama se apresta a arroparnos. Hay quien opta por el suicidio, por la eutanasia, ese resquicio de libertad en el que a veces se piensa en los demás y a veces sólo en uno mismo.

 

Cuidado con a quién elegimos, cuando podemos, como copiloto, para llegar a Itaca o a donde esté nuestro hogar. Hay veces que solo podemos subirnos al transporte y esperar que no pase nada. Hay quien reza. Hay días en que funciona y podemos llegar a escribir acerca de la tristeza que ocasiona una buena (la que es mala) parte de este mundo.

Herberto Helder (1930-2015)

Herberto HelderQuería tocar la cabeza de un leopardo loco, su lujo
mandibular. Sentir que los dedos se volvían
de granito. Sentir que la deslumbrante
resaca de pelo
bajo me arrebataba furiosamente los cinco dedos.
Como cinco balas de granito.
Una estrella voltaica.
Y tragarla. Y que de pronto toda aquella púrpura nocturna
entrara dentro de mí, de la mano a la cara.
O una herida que me cogiera de pierna a pierna.
Que entrara en mí
la fábula de la demencia y de la animal
elegancia. Sé que la sangre me puntúa, y me estremezco
de poro a poro
con tanto oro sudado que me envenena.

Sé que toco.
Que hay una combustión en las partes sexuales
de mi muerte. Y si miro ese espejo exhalado
de mí mismo, veo
perlas, la anestesia de las perlas. Pero
el fósforo se precipita donde
se enfría la carne, y se vuelve ligera. Y un dolor
instrumental, mi propia música
descubierta, me atrapa como el sonido atrapa
los tubos de un órgano.

Y entonces ninguna razón me oscurece más allá del crimen,
de la metáfora directa
de un leopardo alunado como una joya. Y él levanta
su constelación craneal. Su boca avanza, límpida
llaga
hasta mi rostro. Y en este espejo de las cosas de repente
unidas todas, me besa por dentro hasta
el corazón.
En el centro.
Donde se muere el silencio central
de la tierra.

Día del Agua: sociedad medio vacía o medio llena

Todos preocupados de si se dice “un vaso de agua” o “un vaso con agua”, o acaso si el vaso está medio vacío o medio lleno, y nadie se preocupa de por qué solo tiene la mitad. ¿Quién se ha llevado mi agua?”

“Los desechos son el producto básico y, posiblemente, más profuso de la sociedad moderna líquida de consumidores (…). Eso convierte la eliminación de residuos en uno de los dos principales retos que la vida líquida ha de afrontar y abordar. El otro es el de la amenaza de verse relegado a los desechos. En la sociedad de los consumidores, nadie puede eludir ser un objeto de consumo”, escribe Zsygmunt Bauman.

La Llorona ya no habita a la vera de los ríos o lagos. A la par de que desaparece el agua, de que se contamina, lo demás, los demás, parecemos convertirnos o ser tratados como desechos, como dan cuenta algunas noticias más o menos modernas.

Muerte, olvido o censura. No se trata sólo de los 43, de Carmen Aristegui o del Hijo del Perro Aguayo. Se trata de la actitud ya no solo de los dueños de las empresas o jefes de las instituciones, sino incluso de quienes administran como suyo —su parcela de poder— un capital que no les pertenece:

“¿Por qué buscar el prietito en el arroz?”
“¿Para qué darle de patadas al pesebre?”
“Estamos mejor”.
“Ya supérenlo”.
“Era sólo una empleada”.
“No hubo negligencia”.
“Se hacen las cosas a mi modo”.
“No deberías hacer enojar al jefe”.

Adaptarnos al vaso. Licuarnos. Lógica, que no razón, del poder, que apuesta al olvido, a los intereses corporativos, a que nos dediquemos a cubrir nuestras necesidades económicas (cada vez más) y no pensemos, a que estemos ausentes o nos dejemos llevar por la corriente, marcada por ellos: empresarios, funcionarios, académicos, eclesiásticos, comerciantes, dueños de medios que se olvidan de ser “socialmente responsables” y de eso que se llama el “bien común”.

El debate no es aceptado, y tiene que ser exigido, como ante la propuesta de Ley General de Aguas Nacionales, que según voces autorizadas, al concesionarlo disminuye la transparencia en su gestión, criminaliza algunas actividades y en cambio legaliza la contaminación del líquido.

Hay tanto dique en estos tiempos. Otros se han resignado a ser cubitos de hielo para refrescar bebidas de ocasión.

«La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como “no sé lo que va a suceder”, “no puedo planificar un futuro”. El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: “no tengo los recursos, los medios”, “no tengo el poder suficiente para encarar el desafío”. El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: “no puedo mantenerme a flote, me hundo”, “son los demás los exitosos”. En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo“echo chambers”, un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un “hall de los espejos” donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más» (Bauman).

Chris Hedges: “Podemos cortar de raíz el consumo de combustibles fósiles. Podemos consumir menos agua. Podemos instalar bombillas de bajo consumo…. Pero a menos que desmantelemos el Estado Corporativo todas estas acciones serán tan inútiles como las danzas de los nativos americanos para protegerse de las balas del hombre blanco”.

Quizá las palabras de protesta no mojen a los recipientes, impermeables a la crítica, pero por lo menos espero que los salpiquen:

(Octavio Paz)
Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

(Pedro Salinas)
Más allá de ola y espuma
el querer busca su fondo.
Esta hondura donde el mar
hizo la paz con su agua
y están queriéndose ya
sin signo, sin movimiento.

Autorretrato hablado (fragmento) – Manoel de Barros

En las Metamorfosis, en doscientas cuarenta fábulas,
Ovidio muestra seres humanos transformados en
piedras, vegetales, animales, cosas.
Un nuevo ejercicio sería que los entes ya transformados
hablaran un dialecto cosal, larval, piedral, etc.
Nacería un lenguaje madrugante, adánico, edénico,
inaugural –
que los poetas aprenderían – siempre y cuando volvieran
a los niños que fueron
a las ranas que fueron
a las piedras que fueron.
Para volver a la infancia, los poetas también tendrían
que reaprender a errar la lengua.
¿Pero esto es una invitación a la ignorancia?
¿A inocular el idioma en los mosquitos?
Sería una demencia peregrina.

El medio intelectual… (Ikram Antaki)

“El medio intelectual mexicano es la guerra y ha logrado constituir una de las sociedades más terroristas que existieran contra la inteligencia. Grupos poderosos organizan sin cesar tribunales, que citan y juzgan a tal o cual acusado de uno o múltiples delitos…

“Los intelectuales practican de una u otra forma algún tipo de poder y ese es el error: hay que dar lo que sea a un artista, un escritor, un filósofo, salvo el poder, aun local, aun parcial, aun limitado a lo suyo propio. Con el paso del tiempo, mi terror dejó lugar a mi risa: ya los conocía bien. Todos se decían perseguidos. El consejero de los ministros pretende ser un paria y cada uno acusa a los demás de tener posiciones de poder, mientras que él mismo sube por la fuerza de sus puños en contra de la oposición universal.

“Lo que les hace falta a los intelectuales mexicanos no es la bendición del poder, una mejor vida material o incluso un público mayor, sino conventos. En estos conventos vivirían los anacoretas que elaborarían la verdadera cultura.”

Ikram Antaki, El pueblo que no quería crecer (Joaquín Mortiz, 2012).

La palabra ya no tiene el peso de antes: Kapuściński

“El problema actual de la comunicación no es que se escamotee la verdad sino que la palabra ya no tiene el peso de antes. En la época comunista la prensa soviética tenía cuatro páginas, y si en ellas aparecía algún artículo crítico, alguien iba a un campo de concentración. Cada palabra tenía valor de vida o muerte. Ahora se puede escribir sobre cualquier cosa y, en un contexto de sobreabundancia y entretenimiento, a nadie le importa. En Polonia la prensa escribe que un ministro es un mentiroso y nada pasa, el ministro sigue haciendo lo que quiere, firme en su puesto.

“Hoy miles y miles de personas recopilan y hacen circular informaciones, y también se han multiplicado las escuelas de periodismo que año tras año lanzan a nuevos ejecutores de esas tareas. Sin embargo, el periodismo ha dejado de ser una misión y muchas de las personas que trabajan en los medios lo consideran una ocupación como cualquiera otra, que bien pueden abandonar para ingresar a una agencia de publicidad o ser corredor de bolsa.

“En el pasado los medios se instalaban en edificios de segunda categoría y disponían de espacios estrechos y mal acondicionados donde se afanaban los periodistas, casi siempre mal vestidos y sin dinero en el bolsillo. Hoy un canal de televisión perteneciente a las grandes cadenas ocupa suntuosos palacios llenos de mármoles y espejos, por cuyos silenciosos pasillos el visitante es conducido por deslumbrantes asistentes. En estos ámbitos se concentra el poder que antes ostentaban sólo los jefes de gobierno.

“Actualmente el poder está en manos de quien posea un estudio de televisión, un diario, una radio. En el mundo contemporáneo, tener medios de comunicación significa tener poder. Por eso los que se sublevaron contra los regímenes antidemocráticos en Europa y Asia no trataron de tomar las sedes presidenciales o parlamentarias, sino que fueron directamente a conquistar los canales de televisión.

“Esta enorme y creciente influencia de los medios, en particular electrónicos, se ha advertido mejor que en otro ámbito en el mundo político, que lucha por tener más presencia en el público general a través de los medios de comunicación.

“Sin ignorar ese aspecto, quiero señalar que en las discusiones sobre el poder de los medios se dedica demasiada atención a cuestiones como las leyes de mercado o la audiencia, y muy poca a los aspectos humanos. […] Creo que la afirmación —bastante generalizada— de que toda la humanidad vive pendiente de los medios es desmedida. Incluso cuando hay acontecimientos, como la inauguración de los Juegos Olímpicos, que llegan a 2.000 millones de personas, hay que admitir que esa cifra constituye una tercera parte de la población del planeta…”

Los cinco sentidos del periodista

 

Manifiesto ciborg (fragmentos) – Donna Haraway

«La escritura es, sobre todo, la tecnología de los ciborgs, superficies grabadas al aguafuerte en estos años finales del siglo XX. La política de los ciborgs es la lucha por el lenguaje y contra la comunicación perfecta, contra el código que traduce a la perfección todos los significados, el dogma central del falogocentrismo. Se debe a eso el que la política de los ciborgs insista en el ruido y sea partidaria de la polución, regodeándose en las fusiones ilegítimas de animal con máquina. Son estos acoplamientos los que hacen al Hombre y a la Mujer tan problemáticos, subvirtiendo la estructura del deseo, la fuerza imaginada para generar el lenguaje y el género, alterando la estructura y los modos de reproducción de la identidad ‘occidental’, de la naturaleza y de la cultura, del espejo y del ojo, del esclavo y del amo, del cuerpo y de la mente. ‘Nosotras’ no escogimos ser ciborgs, pero escogemos las bases de una política liberal y una epistemología que imagina las reproducciones de los individuos ante las amplias multiplicaciones de los ‘textos’.

»La escritura ciborg no será sobre la Caída, sobre la imaginación de la totalidad de un érase una vez anterior al lenguaje, a la escritura, al Hombre. La escritura ciborg trata del poder para sobrevivir, no sobre la base de la inocencia original, sino sobre la de empuñar las herramientas que marcan el mundo y que las marcó como otredad.
Las herramientas son a menudo historias, cuentos contados de nuevo, versiones que invierten y que desplazan los dualismos jerárquicos de las identidades naturalizadas. Contando de nuevo las historias sobre el origen, los autores ciborg subvierten los mitos centrales del origen de la cultura occidental.

(completo por acá)