Una presentación pendiente – Liliana Flores

Cortesía revista El Humo

Al  aceptar la invitación de participar en la presentación de los libros de Alexandro Roque  de Olimpotosí y Vademécum dudé qué comentar al respecto ya que son conocimientos que no tengo  dominados al 100 por ciento, pero haré mi mejor intento al respecto.

Al leer el libro Olimpotosí (ninis: ni cuentos ni poemas) caigo en la cuenta de que es un libro de relatos breves que se presta mucho para jugar con el humor de una manera conscientemente plena. Constituye una mirada  irónica para reflexionar en torno al amor, las relaciones humanas, las añoranzas.

Como lo menciona Emilia Cervantes en el periódico Pulso de San Luis Potosí: “El escritor Alexandro Roque Mendoza presenta su más reciente publicación Olimpotosí (ninis: ni cuentos ni poemas), del cual señala que “es una compilación de pequeños textos en los que juego con elementos religiosos y mitológicos, con el inevitable amor y el imprescindible humor”.

Explica que son textos breves “que a algunos les parecerán chistes, otros verán su lado poético, pero tienen cada uno una historia, a veces explícita y a veces con demasiada confianza en la complicidad del lector para completarlos”. De ahí el subtítulo: Ninis: ni cuentos ni poemas.

En el caso de Vademécum como lo menciona Roque, explica que tiene dos partes y poemas sueltos. “Una es Alqui-mía y otra Vía –cactea; la primera sobre el amor, la segunda sobre el desierto. ‘Vademécum’ es una invitación, y como los libros de medicina que así se llaman, aquí hay palabras que nos pueden llevar a conocer una fórmula (presentirla al menos), a preparar algo para curarnos, alucinar o morir. Así el amor o el dolor. La insolación y sus espejismos, la tranquilidad o la desesperación que pueden provocar un paisaje solitario o “una dosis” de miradas (o la falta de ellas). Física y química, que le dicen”.

“Como en mucho de lo que escribo -afirma Roque- hay referencias mitológicas al lado de búsquedas en mi interior. Hay un nombre y hay ficción, la palabra por la palabra. A veces afuera (aquí) hay tristeza, recuerdos, dolores físicos y mentales, pero algo me lleva al papel, al lienzo. Hay un nombre, un cuerpo, una memoria. Y hay que decirlo, escribirlo, con el riesgo de lo cursi o lo deprimente, porque también hay que hablar de la alegría de la piel y de los momentos, de las sensaciones tatuadas aquí y allá. No creo en la inspiración a secas pero creo en las musas”.

Explica sin embargo, sobre las costumbres negativas que campean también en la literatura: “Hay imágenes, líneas o versos, que dan en el blanco. Por ejemplo, hace tiempo publiqué en Twitter y luego en mi blog una línea que dice ‘sólo soy un daño colateral de tu mirada’, misma que después se apropió en su libro un joven ‘poeta’ e hizo toda una teoría al respecto. El plagio y la intertextualidad están de moda, todo tiene que ver con todo”.

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Publicado en El Placer de la cultura

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