Santa Alicia (6): el tatuaje

Desde la adolescencia quería hacerme un tatuaje, al menos uno, pero reconozco mi cobardía y mi indecisión: no hallaba que llevar en la piel hasta que se me agoten los años, algo que llevar a pesar de la grasa y las arrugas, a pesar de que me disguste yo mismo. Y le pensaba y le pensaba… ¿Qué haría si al rato ya no me gustaba la figura en la dérmis? Tenía que ser algo único, mío, y que siempre dijera que me pertenece o le pertenezco.

Bé-be-me, fue la respuesta, y me quedé más pequeño, ahogado en lágrimas, pero con la certeza de que era la imagen que buscaba.

Del sueño a la pesadilla y, peor, al despertar… ¿Quién dice que no sigo soñando? ¿Estoy? ¿Estás? Pero si lo estuviera no no hubiera estado ahí.

Y ahí está. Y creo que ya sé de que va a ser el siguiente…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s