amanéceme

Amanéceme y vete, no me despiertes, Edén (¿así te llamas?, ¿de verdad?), de cualquier modo no podrías sacarme de ahí donde me mandaste. No me pagues, me vendo siempre pero te me regalé a sabiendas del precio a pagar. Déjame algo de dinero para el viaje: ajusto con dos monedas. No, no las dejes sobre el buró: ponlas en mis párpados, no quiero cruzar la laguna de mojado… ya bastantes sueños húmedos me has dejado.

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