El amor intangible, de René Avilés Fabila

el_amor_intangibleLos demasiados blogs…
Confieso que he espameado…
Ola ke ase…
❤ ❤ ❤ te amo 😛

La vida está allá afuera, queremos creer, pero en Internet, varias horas al día, hay una comunicación que de pronto se vuelve la principal; es la que manda en ideas y en sentimientos o es más importante por su visibilidad. Aquí y ahora. Reencuentros y hallazgos. Una imagen decía más que mil palabras, pero hoy compite con emoticonos, guiños, referencias intertextuales. Dice más, siempre y cuando cuente con las visitas, reblogueos o “likes” necesarios. Y más que imagen suele ser imaginación: cartas, inbox, DM, whatsapp. Amor, celos. Propiedad privada. Para ciertas personas la comunicación fraterna, familiar o íntima (léase “género epistolar” hoy en tiempo real) está muy relacionada con la posteridad, con los sentimientos “verdaderos”, con la personalidad construída  (léase “verosimilitud”). Si no que lo digan los escritores que hacían copias de sus cartas en sobres lacrados, por si se perdía lo que se supone era un intercambio entre dos personas y nada más.

“Muy atrás quedaron los incomunicados Romeo y Julieta, lady Chatterley que buscó el amor en un modesto guardabosques y la pobre de Emma Bovary que cargó siempre con la soledad pese a estar casada. En sus tiempos no había computadoras y menos Internet”.

La “realidad” del amor aún se pone en duda, como ocurre con el fenómeno literario. René Avilés Fabila nos lleva a la actualidad del género epistolar, los correos electrónicos. Quizá la preactualidad, dada la importancia peligrosa de redes sociales, mensajes de texto y whatsapp. ¿De qué nos enamoramos? Cuál es la chispa inicial? En el principio era el verbo y mataba carita. Así está escrito.

El narrador, sin nombre, hijo único, soltero de más de cincuenta años, se aficiona a Internet, en busca primero de música y libros. El detonador sentimental es una carta electrónica de una antigua compañera de secundaria, Claudia. Después es Fátima, una psicóloga, con quien de hablarse de usted (“¿Querer a una pantalla de computadora? ¿Eso es lo que usted solicita? Mi mundo es de seres que respiran y conozco el sonido de sus voces”) y hablar de trivialidades pasa ser un amor, como todos, no pensado: “Vayamos de acuerdo con la época que nos tocó vivir, tan plena de informalidad, y cambiemos lo amo por te amo”. No se envían fotos, es la palabra la que va ahondando en cada uno. Amor es diferente hoy, cuando una de sus vertientes suelen ser las discusiones por escrito y no frente a frente, piel a piel.

“El amor comenzó por Internet”. Aquiles y Patroclo, Trotsky y Natalia, Beethoven y Sor Juana, Yoko Ono y John Lennon, Courtney Love y Kurt Covain, Elena Garro y Octavio Paz, Daisy y el gran Gatsby, películas como Nueve semanas y media o Tienes un e-mail, citas y poemas de Philip Roth, D.H. Lawrence, Jaime Sabines, Antonio Machado, Mario Benedetti y Griselda Álvarez, la enfermedad en el arte y hasta un largo ensayo sobre la izquierda mexicana (“que la política no contamine nuestra naciente amistad”, pide ella) salpican las conversaciones a las que, voyeurs como todo lector, nos acercamos, porque así lo quiere el exhibicionista narrador, perplejo en apariencia ante el desenlace de ese amor intangible, sin imágenes, sin fotos, sólo con el poder de la palabra. “La Fátima ideal que existe en tu mente”.

Destacan el amor a distancia, las dudas, las mentiras, los escenarios donde pasa en la pantalla eso que antes llamábamos vida, y la defensa de utilizar un lenguaje “no soez” en el intercambio epistolar, a pesar de los arrebatos pasionales. Y cita a James Joyce en una de sus cartas a Nora: “Mi pícara colegiala de ojos dulces, sé mi puta, mi amante, todo lo que tú quieras (¡mi pequeña masturbadora amante!, ¡mi putita cogelona)…”

“Fuimos mejores por carta”, escribió Bryce Echenique. Somos mejores por Facebook. Jaime López se pudo enamorar de Betty Boop. Todo puede suceder mediante la literatura.

Todo Internet es Second Life, cuando no la primera. Más que Internet, la imaginación y la esperanza.

Un pensamiento en “El amor intangible, de René Avilés Fabila

  1. Sí, tiene razón René Avilés, hoy es el ciberamor, que despersonaliza pero quita el miedo, el temor al rechazo y al rechazado (a) Es el medio (el medio es el mensaje: Mc Luhan) ideal para aquellos que temen o no han podido hablar tet a tet o denunciar algo que ahí traían guardado o revelar x o y asunto fuerte o denuncia, etc. Hoy hablamos de manera impersonal, frente a una computer; a una foto que no sabemos si es real o es una falsa persona, pero también es una herramienta moderna que deja ver las mentiras, la hipocresía y la falta de agri-cultura de la gente…Saludos a mi gran Maestro René Avilés, que nos tenía e carcajada abierta en el salón de clases da le FCPyS (la viejita) de la UNAM…Un abraxo

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