Algunas de mis rarezas oníricas

1. Volver al mismo lugar que estaba soñando. No sé si les pase a todos pero hay lugares a donde vuelvo de vez en cuando, sitios que son, aunque inventados, habituales en mis caminatas nocturnas. Fragmentos de lugares que conozco, que me gustaría conocer. Algunos lugares a los que llego en la “realidad” ya los conocía en sueños. Los recorro ya, digamos, a ojos cerrados.

2. Soñar apenas cierro los ojos. Hay veces que ya estoy en el sueño sin sentirlo. Me recuesto y ya estoy en el sueño. ¿Estás roncando?, me han dicho. No, respondo cuando logro escapar de a donde haya llegado. Como ahorita.

3. Leer. Alguna vez leí, o me dijeron (¿lo soñé) que no se puede leer en sueños. No sé cómo, pero soñé que tomaba consciencia de que estaba en un sueño. Si estoy soñando no debería poder leer lo que dice en esa pared, pensé. ¡Pues ahora leo, cómo que no!, me dije. Y leí.

4. Volar. ¿Y eso qué?, dirán. Todos hemos volado en sueños. Casi todos. Lo raro es que recuerdo que una vez volé cuando tomé consciencia de que estaba soñando. Bueno, esto es un sueño, pensé, ergo puedo hacer lo que quiera. Puedo volar. Y sin más me elevé por el aire o cualquiera que sea esa materia que fluye en el reino de Morfeo.

5. Volver al instante previo al momento que me desperté. Me ha pasado que me despierto en medio de un sueño fascinante, por ganas de ir al baño u otra causa. Al regresar a la cama y cerrar los ojos, si me concentro, logro regresar al lugar y momento justos donde me había quedado, para continuar la aventura o la contemplación interrumpidas.

6. Encontrar alguna clave para un cuento o un ensayo. A veces despierto no hay un buen punto de vista o si lo hay no lo parece. Dormido escribo algo, y puede ser que en la mañana reaparezca. A veces justo antes de soñar tengo que levantarme a escribir la chispa que surge de esa transición. Como el sexo o la fe en un dios, la puerta al laberinto que es la dimensión onírica cada quien la atraviesa como mejor puede. Escribir se convierte en la continuidad de un sueño. O no.

7. Saber el número exacto de tus lunares. Formar colores con ellos, palabras nuevas. Al despertar olvido la cantidad y debo contarlos de nuevo, despacio.

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