Cosas transparentes – Vladimir Nabokov

cosas-transparentes-9788433978455-651x1024“El futuro no es más que una figura retórica […] ¡Hola, persona! ¿Qué ocurre? No tires de mí. No le estoy molestando, de veras. Oh, de acuerdo. Hola persona… (por última vez, en voz muy baja)…”

Cosas transparentes, de Vladimir Nabokov, se disfruta, seduce. Un editor que es una persona abrazable (Hugh Person), su padre, sus autores, sus sueños y pesadillas, su esposa y mucha nieve. Viajes, amor y locura, muerte y cárcel, realidad y fantasía. Con guiños intertextuales, voces narrativas divergentes, analepsis y prolepsis simultáneas, giros de tuerca (casualidades, causalidades), Nabokov se retrata y no, añade pasajes al laberinto ficcional que lo hizo famoso: Palido fuego, Risa en la oscuridad, Pnin, Lolita

“Pregúnteme lo que puedo hacer, no lo que hago, bella muchacha, hermosa estela del sol a través de un tejido negro semitransparente. Puedo aprender de memoria toda una página del listín telefónico en tres minutos, pero soy incapaz de recordar mi propio número de teléfono. Puedo componer trozos de poesía tan extraños y nuevos como usted, o como cualquier otra cosa que una persona pueda escribir de aquí a trescientos años, pero nunca he publicado un solo verso, excepto algunas tonterías juveniles en la universidad. […] Puedo levitar a dos centímetros de altura y mantenerme así durante diez segundos, pero no puedo trepar a un manzano. Poseo un título de doctor en filosofía, pero no hablo alemán. Me he enamorado de usted, pero no haré nada al respecto. En una palabra, soy un genio versátil.”

“Así, en aquel preciso y frágil instante, Julia y él (alias Alicia y el narrador) formaron un pacto del pasado, un pacto impalpable dirigido contra la realidad representada por la voluble esquina de la calle, con los automóviles que pasaban cortando el aire, los árboles y los transeúntes desconocidos…”

“Dígale —continuó mientras caminaba por un resbaladizo camino entre grúas y excavadoras bajo la luz dorada de la tarde madura—, dígale que ha envenenado mi organismo, ella y sus veinte hermanas, sus veinte imágenes en escala descendente, y que pereceré si no puedo tenerla…”

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