Las flores del castaño – Andrés de Luna

“En algunos casos los perfumes tuvieron un olor que ahora sería innombrado para los hombres o las mujeres modernos. Aunque por ahí hubo un célebre diseñador de modas, discípulo de Christian Dior, exhibicionista profesional y conocido desde Nueva York hasta China, y que para más señas responde al nombre de Yves Saint Laurent, quien le propuso a su nez (la nariz es el encargado de inventar las nuevas fragancias) hacer un aroma que evocara las flores del castaño, cuyo olor es lo más parecido a los vapores seminales. Él pretendía que ese aroma fuera un estimulante ideal para la sociedad contemporánea, pero al elaborarlo se dieron cuenta de que fracasaba rotundamente y se confiaba a la bodega de los perfumes afrentosos. Ningún hombre o mujer se sentían a gusto como portadores de esa esperma fermentada. Todo quedaría en el imaginario de Saint Laurent y en el relato del Marqués de Sade, El árbol del castaño, en el cual una jovencita se inquieta cuando aspira en el ambiente un olor conocido; el enigma de la muchacha se resuelve cuando el cura que charla con la madre le indica que el bosque huele a semen“.

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Andrés de Luna, Erótica. La otra orilla del deseo, Tusquets, 2003.

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