Emmanuel Carballo (1929-2014)

18-carballo-500x375Y llueve sobre mojado. “Una figura molesta pero necesaria” se ha ido. Emmanuel Carballo era un crítico literario cítrico, lúcido y ácido. Podía uno no estar de acuerdo con él pero de que daba en el blanco lo hacía. No podía uno permanecer indiferente ante los cuestionamientos e ironías que con conocimiento de causa soltaba el tapatío, autor de libros ampliamente fundamentados, fundamentales para la enseñanza de la literatura.

Consideraba como los cinco grandes de la literatura mexicana, autores de una literatura universal, a Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos, José Gorostiza y Octavio Paz. Luego, de más acá (relativamente), enlistaba a Francisco Rojas González, Ramón Rubín, José Agustín, José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Juan García Ponce, Salvador Elizondo y Carlos Monsiváis. Aclaraba: “Pero te voy a decir una cosa: Los cinco grandes son autores de exportación, mientras que estos otros que te enumero son más de consumo doméstico”.

Y venía la provocación: “Ahora se lee a Laura Esquivel y Xavier Velasco, escritores de segunda, tercera y cuarta categoría, facilones, para secretarias que mascan chicle y para muchachos que no tienen la menor cultura literaria. La literatura es la conjunción entre un tema y la manera adecuada de tratarlo. El puro tema es como un bistec crudo y a mí no me gusta la carne tártara. La literatura es el tema, más la estructura, el estilo y, en el caso de una novela o cuento, la creación de personajes”.

Presentó su último libro en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. “Yo sigo escribiendo. Y no dejo de hacerlo todos los días. Lo difícil es que hoy escriba y mañana lo acepte porque esto pasa por muchas correcciones. Hay cosas que empecé a escribir en 1954 y no se publicaron hasta 1960, 1970 ó 1980. Uno trabaja y trabaja, pero unas veces se acierta y otras se fracasa”.

De sus obras destacan El cuento mexicano del siglo XX (1964), Diccionario crítico de las letras mexicanas en el siglo XIX (2001), Protagonistas de la literatura mexicana (1965) y Párrafos para un libro que no publicaré nunca (2013).

Tantas muertes, tantos maestros en la aventura de unir palabras, de entenderlas y sacarles chispas. Es inevitable la sensación de orfandad, de recorrer el librero y sentir que cada vez hay más interletrado, que las palabras se opacan; mirar en derredor y preguntar quién, cuándo…

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