Medios y política

“El periodista observa la vida privada de los hombres públicos y se entromete en su trabajo, asiste como puede a las reuniones a puerta cerrada y se hace de documentos reservados: el periodista escucha lo que no debe escuchar y mira lo que no debe mirar en la búsqueda afanosa de los datos y signos que informen a la sociedad de lo que ocurre en las esferas del poder”, escribió Julio Scherer, el gran periodista mexicano del siglo XX, fallecido este miércoles a primera hora.

¿Cuántos casos como el del ex alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, el perredista Ricardo Gallardo Carmona, detenido por la PGR, se conocen públicamente?, ¿cuántas veces se rumora de enriquecimiento, de manejos turbios, de alianzas en la oscuridad, y cuántos tienen eco en los medios? ¿Cuántos funcionarios parecen estar trabajando y sólo piensan en el salto a otro puesto, en incrementar sus arcas personales?

El presidente municipal de Soledad hizo alianzas, se impulsó para la gubernatura, fue acusado de populista al buscar hacerse de bases mediante obsequios y programas sociales para públicos determinados, y se promocionó en todos los medios. Pintaba bardas, y alardeaba de un municipio “con gallardía”. Apenas pidió licencia fue aprendido y trasladado a Hermosillo. Han caído ya alcaldes de Michoacán. Quizá su suerte, como la del alcalde de Iguala, Guerrero, José Luis Abarca, acusado de asesinatos y tratos con los cárteles, hubiera sido distinta de no ser por la desparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

Parece que a veces con cualquier prueba se puede empezar un juicio, hay otras que por más que haya testimonios y documentos, no pasa nada. Esta justicia que parece selectiva, el “hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”, son la marca de la política mexicana, del favor, del compadrazgo. El caso de la “casita blanca” de Enrique Peña Nieto según las autoridades judiciales devino en un “negocio entre particulares”, cuando, como apuntó un columnista, si hubiera sido en cualquier otro país con independencia de poderes se hubiera tenido que abrir de oficio un caso.

“¿La verdad? ¡Ustedes no saben qué hacer con la verdad!”, dicen emulando al personaje de Jack Nicholson todos los políticos. Las acusaciones y rumores, por más fundados que estén, son difíciles de probar en un país donde ajustician, desaparecen o se cambia la escena del crímen sin mayor problema. Tintes políticos, envidias, rumores malintencionados. Se ríen.

Todos hemos oído esas voces acerca de las construcciones y remodelaciones de propiedades de funcionarios, o del “guardadito” que hacen otros para hacer campaña, o las licitaciones que no cumplen con las especificaciones. A todos los niveles, federal, estatal o municipal.

Julio Scherer, fundador de la revista Proceso, parteaguas del periodismo mexicano, proclamaba: “Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”.

Fue Proceso lectura semanal desde que tengo memoria. El estilo de Scherer era casi telegráfico, mas emotivo: la palabra exacta, la puntuación y la sintaxis demoledoras, directas al blanco. El libro La piel y la entraña me mostró que se puede hacer periodismo literario, aunque sean pocos los que logran crear esta dualidad que tanto se parece a aquel centauro del que hablaba Alfonso Reyes para referirse al ensayo. Los académicos, los periodistas y los escritores suelen ser criaturas distintas, sin esperanzas (o ganas) de hibridarse, de reconstruirse.

Testigo y ejemplo, motivo permanente de análisis, Scherer se ha ido. Pocas voces dudan y cuestionan, casi nunca en los medios tradicionales. Hoy contamos con redes sociales donde hay voces que han evitado o dado a conocer triquiñuelas, negocios, enriquecimientos o asesinatos: los políticos están más vigilados. Hay quien dice que hay más transparencia pero poco se ha logrado en el aspecto de rendición de cuentas. Depende de todos que esta las opiniones, críticas y propuestas no sólo se conozcan, sino que influyan en tomas de decisiones, en castigos, para evitar que se repitan ciclos de opresión, impunidad y cinismo, sean del partido que sean.

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