A veces soy muy infantil, no tanto como quisiera

EmaBaezLlegué tarde el día del homenaje y fuimos directamente a la retrospectiva, pero fue como si hubiera llegado 30 o más años antes. Hay tres dibujos hechos por mí en la exposición “Los niños de Emma Báez”, actualmente en el Centro de Difusión Cultural “Raúl Gamboa” del Instituto Potosino de Bellas Artes, con motivo del homenaje a la maestra.

La maestra no fue a la inauguración, pero ahí está la obra, con tres pinturas hechas por ella. Todas las demás, de sus niños. Muchas pinturas de las que ella quería les fueran devueltas o compradas a sus autores, o por lo menos que la institución les (nos) pidiera la donación formal. Y no, las autoridades no cedieron. Y ahí siguen las pinturas y dibujos de tantos niños.

El asombro ante las perspectivas, encuadres, texturas. Atrevimiento y juego. Sencillez, que no simpleza. No hay cédulas en cada obra. No tienen firma, pocas de las obras infantiles la tienen, pero reconozco trazos, y con ellos ciertos nombres, los ruidos que rodearon a las obras, la música que ponía de fondo la maestra Emma. El crayón quemado, los plumones de olor a fruta, la pintura vinílica en cartones de huevo, chorreando y creando otras obras en los pequeños restiradores verdes.

Tenía yo quizá 9, 10 años cuando hice esas obras, dos a color y uno en línea. Ganas de firmarlas y no, de que quienes asistan me adivinen. No me reconozco del todo pero sí, soy yo, mis temas y trazos, lo que alguien llamaría mi estilo. No había miedo al color, al significado, la perspectiva era mudable como si fuera sueños. Todo era maleable. Hoy guardo o borro mucho de lo que hago, no publico todo. No me identifico, aunque tampoco me reconozco en mucho de lo que dicen que dije con palabras o con gestos. ¿Era yo? ¿Dónde tomé el lugar de ese niño?

A la maestra no le gusta que le tomen fotos, incluso para la invitación a este homenaje solo se dio a conocer una foto ovalada, de algún diploma. Pero posó hace unos años para mi cámara y es una de las pocas imágenes que compartió —quizá solo por ser yo, como dijo David—, y hoy la comparto.

Cuando me acusan de infantil les saco la lengua y corro a escribir o a dibujar.  Y sí, me gustaría ser más infantil y sentir que el mundo es totalmente maleable, como en esos años en el taller de la maestra Emma.

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