Pesadilla

En la joyería de la esquina vi que eran las ocho menos diez. Llegaría a tiempo adonde iba: a dar una clase. Llegué apenitas, casi atropello a una señora.

—A ver, ¿quién leyó La noche boca arriba?

Más de veinte alumnos. Nadie respondió.
Una mano se  levantó, tímida.

—Yo… pero sólo leí la mitad.

Sentí cómo me sacaban el corazón.

Sacrificios-humanos-realizados-por-los-aztecas

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