Calibre 44

Parece que fue ayer. Nací a las cinco de la tarde en un lugar muy cerca de la cárcel; aunque no quería, me obligaron con una cesárea, la primera de cuatro (a mi madre, podría aclararse aunque no fuera necesario). No me llevaron el libro que pedí pero me dieron una pistola y me pusieron en un cuarto lleno de otros niños que no dejaban de llorar. A veces sueño con su llanto.

Escribo y al menos las cursivas suelen ser mías. Aún no me le agarro la movida a este verbo tan irregular que es existir (menos a coexistir aunque se conjueguen igual) y ya llegamos al calibre 44, el cual según wikipedia “en lugar de alcanzar una velocidad de salida de 250 metros por segundo, alcanza los 450 metros por segundo” y “fue diseñado para la caza mayor con pistola de animales de la envergadura del reno o el oso […] No es un calibre adecuado para la defensa personal para la mayoría de personas, porque su gran potencia provoca un gran retroceso [‘patada’], lo que hace que sea difícil de manejar para casi cualquiera. Además, existen calibres más modestos pero que cumplen bien con la tarea de derribar un blanco humano, sin tener que ser inmanejables”.

Difícil de manejar, más rápido y con más patadas. Y no sé cuántas balas quedan en la recámara… A ver qué pasa.

Cuando quiero pensar no pienso y a veces pienso sin querer. Más a lo largo del día aquí y en Crimentales

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