Leonora, Tilda, Xilitla

Poco ha dicho las autoridades locales —al menos no lo han cacareado tanto como sus premios imaginarios, obras públicas como de cuento infantil y estadísticas fantásticas en boletines acaso desmentidos— sobre las fotos surrealistas que Tim Walker le tomó a Tilda Swinton en Xilitla, para la revista W Magazine. Moda y maquillaje (Jacob K) y los rasgos y la gestualidad de Swinton —arcangélica presencia en Constantine— dan vida a las pinceladas y volúmenes soñados por Leonora Carrington, Salvador Dalí o Giorgio de Chirico. Como Leonora o la dama oval, Tilda mide al menos tres metros de altura. Asomémonos a este ritual de reencarnación de lo mágico en un lugar al que Edward James llegó buscando el paraíso, y lo encontró fusionándose con el medio ambiente. La Huasteca es eso, sueño e inspiración, calor y calidez, a pesar de los desilusionados que insisten en teñirla de sangre.

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ideas y concreciones

Del cuadro de Matisse al logo de la nueva administración municipal de Huatabampo, Sonora,
pasando por una asociación filantrópica y el logo de las Olimpiadas de Brasil en 2016.

Las ideas son libres, y hay que dialogar con ellas, ponerlas a pelear, tratar de mejorarlas.
La intertextualidad es referencia. Semióticamente, es índice, no icono.
Los trazos adquieren un valor simbólico en tanto originales (hasta los de doña Cecilia de Borja), como las frases o párrafos.
Es muy fácil copiar y decir que es homenaje cuando no hay originalidad.

oír a un pintor…

o leer a una bailarina.
Musicalizar una mirada, una risa,
tus silencios que me acompañan en mis insomnios:
detener el tiempo o acelerarlo. Imaginar.

No sólo imaginar, llevarlo a la práctica. No basta la idea cuando se puede crear o, peor, cuando se tiene la necesidad de crear. Es una inquietud, un vicio, una necesidad de completarnos, de dudar de todo y saber que todo es. Una vibración que nos recorre el espinazo. Todo, menos impasibilidad. Todo, menos naturalezas muertas.

Las imágenes de arriba son parte de la obra de José Fors, pintor cubano, que conocí por su música (yo era periodista cultural y su grupo vino a mi tierra allá por el año de gracia de 1993). Se ha dicho que su marca es el dramatismo, su mutación para sobrevivir. Cuentan que después del apocalípsis sólo quedarán algunas obras de arte y las cucarachas, y el drama. Portadas de sus discos, máscaras, obra en exposición, escenografía, vestuarios… letras en papel y en lienzo. Gritos y movimiento. Fors es un creador y no se limita, y eso es agradecible e imitable. Total, como dice en una de sus canciones, ¿qué chingaos…?

Veo pinturas y fotografías, imágenes de alguien que agradezco que exista. Un personaje puede dar cauce a una historia así sea por un solo pasaje. Basta un momento o una mirada.

Cuando vino Ángeles del Infierno a San Luis Potosí le di mis boletos a alguien que ni gracias dijo (ni de eso ni de los libros ni de nada). En fin. Este fin de semana toca ir a ver, oír a Cuca, al Gran Silencio, a Nortec… a crear energía y a imaginar letras entre colores, movimiento con otra actitud, con la alegría de compartir, ¿si no, para qué vivir?

¡Y vivan la pintura y la danza y el rock, cabrones!