Descansar no es de Dios*

Concurso100

Dormido, el séptimo día Dios creó más que los seis días anteriores. Primero inventó el descanso, el relajarse mientras se contemplan las nubes del día y la las estrellas de la noche, ya debidamente separados. Luego cerró los ojos. Ahí imaginó y dotó de tiempo (de historia) a todos los personajes listos para entrar a escena, arrullado por el mar y por el canto de las sirenas, que aún no se escondían en las caracolas. Se inventó,  divertido, nombres para que así lo llamaran las futuras mitologías. Puso sus partículas en todas partes para jugar a las escondidas; planeó con la serpiente, que también descansaba (“andamos creando” decía, mientras lo acompañaba los seis días anteriores), algunas pijamadas. El séptimo día fue, digamos, un ensayo general, en sueños, y es que descansar no es de Dios. El octavo día le quitó el telón a todo: “Tercera llamada, comenzamos”.

 

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* Cuento escrito para ser publicado en el concurso 100 de Las Historias, de Alberto Chimal, y no publicado por haber creído que duraba hasta el día 30, cuando cerraba el 29. Ya será para la otra, Sea por Dios.

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Duermo para morir un poco y así acudir, frente a frente, aunque él no me vea, ante el amor, ese vidente ciego que dicen sabe mucho del futuro. Él, ciego, yo cierro los ojos. Todo es posible. Más que sus respuestas crípticas el tono de su voz suele tranquilizarme, me inspira aunque no sea verdad lo que dice, aunque deba acudir al infierno para hablar con él.

Diálogozz

—Yo soy como Juan Rulfo, cuando escribo no conozco.

—¿Qué no era Orozco?

—Pero ese no escribía. Comía y, a veces, pintaba.

—Tampoco conocía. Y rima.

—Bueno, la cosa es que estoy escribiendo…

—No es cierto. Hace rato que te quedaste dormido.

—Uta… Quería escribir un sueño y ahora soñaré que escribo.

—Ni eso.

—¿Y tú quién eres?

—No sé. Tú dime. Revisa en la mañana lo que estabas escribiendo, si es que escribiste algo.

—¿Y por qué traes ese cuchillo?…

Dios no juega a los dados

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Dios no juega a los dados: son tan cuadrados. Juega a las canicas con unas esferas donde todo confluye, y suele ganarse la partida, aunque a veces se deja perder en las madrugadas de aburrimiento. (Jorge Luis, en una epifanía, bautizó a esas canicas como aleph, y sobre ello hizo un cuento que es todos los cuentos, falso como el aleph que vio.) Es el roce de esas canicas (todas las posibilidades en cada una) en el juego, o su choque, lo que produce lo que los humanos llamamos coincidencias.

La ternura caníbal, de Enrique Serna

La_ternura_can_balDiez relatos, diez cuentos donde Enrique Serna continúa (como en El orgasmógrafo y en Amores de segunda mano) con su visión irónica de la sensualidad, de los miedos cotidianos, de la búsqueda de poder o satisfacción de personajes reconocibles, cercanos. Cada cuento es un viaje, o parte de él, como debe ser. Por placer, por fuga o el viaje definitivo, pero los relatos implican un movimiento físico o íntimo, una liberación de la cotidianidad y desembocan en finales a veces sorpresivos. Como todo.

Abunda la primera persona, que se duele, se burla, se recrimina o se asusta de sus decisiones. Todos los protagonistas (o casi) son maduros o viejos, todos ponen en duda lo vivido, sus cambios físicos y mentales, sobre todo sentimentales; se preguntan por lo que vendrá, acompañados o en soledad. Humor negro, como el que casi siempre tiene el destino, disfrazado de Coincidencita Roja. Pobre lobo. Suele haber un tercero en discordia, como en tantas situaciones, en lecturas, como pocas, y decisiones sobre qué es lo más importante, el bienestar propio o el de la pareja, el íntimo o el social.

Adiós a las armas, la vejez como fin de la sexualidad, de la virilidad o la belleza, se retrata en “Entierro maya”, donde son protagonistas un militar retirado recién infartado y su joven esposa, y en “Cine Cosmos”, donde un homosexual que se asume como loca “de las de antes” emerge como heroína, también de las de antes, para salvar a su amado.

En “Drama de honor”, el marido, infiel confeso, propone una relación swinger para salvar su matrimonio, a pesar de la resistencia de su mujer. En “Material de lectura” es un viaje en crucero por el Amazonas la supuesta cura para la rutina familiar, donde el extravío de El código Da Vinci cambia todo. En “Los reyes desnudos” un músico y una artista plástica buscan el éxito, sin oír y sin ver, mientras tratan de tener un hijo.

“Soledad coronada” y “La vanagloria” dejan de lado la sensualidad y se centran en las capillas académica y literaria, tan parecidas, de las que Serna ya había hecho mofa en su inigualable novela El miedo a los animales. Si no sexual, el ansia de pertenencia, la búsqueda de poder guían a los personajes. En el primero es un bibliotecario en una universidad extranjera, y en el segundo un poeta que busca el aval de Octavio Paz. Aquí, en la búsqueda íntima, recelosa, entra también el relato “El manco Rodríguez”, que trata de un español exiliado que trabaja como boletero en un cine, entre desahogos con sus compatriotas y una resignación amistosa por México.

Hay cuentos que por su uso de la última confesión, del desahogo antes de la (posible o real) muerte, recuerdan a “La extremaunción”. Son “El converso”, donde una rueda de la fortuna y el llanto de una niña a medianoche en un pueblo michoacano (narcos, infierno grande y santa muerte incluídos) dan pie a que el lascivo cura se arrepienta de no haber dado los santos óleos a la canonizable beata del lugar, y “La incondicional”, en el que es la esposa la que, en la cama del enfermo, científico para más señas, confiesa y se confiesa, con la libertad de quien se sabe salvador.

Decir o callar. “Dichoso el que se ríe de sí mismo porque nunca le faltará motivo de diversión”, dijo alguien. Sea, porque en este valle de lágrimas todo deviene en bestiario, en sátiros y sátiras. A fin de cuentas todos somos y no fingidores, según el cristal. Y los personajes de Serna fingen bien.

Una presentación pendiente – Liliana Flores

Cortesía revista El Humo

Al  aceptar la invitación de participar en la presentación de los libros de Alexandro Roque  de Olimpotosí y Vademécum dudé qué comentar al respecto ya que son conocimientos que no tengo  dominados al 100 por ciento, pero haré mi mejor intento al respecto.

Al leer el libro Olimpotosí (ninis: ni cuentos ni poemas) caigo en la cuenta de que es un libro de relatos breves que se presta mucho para jugar con el humor de una manera conscientemente plena. Constituye una mirada  irónica para reflexionar en torno al amor, las relaciones humanas, las añoranzas.

Como lo menciona Emilia Cervantes en el periódico Pulso de San Luis Potosí: “El escritor Alexandro Roque Mendoza presenta su más reciente publicación Olimpotosí (ninis: ni cuentos ni poemas), del cual señala que “es una compilación de pequeños textos en los que juego con elementos religiosos y mitológicos, con el inevitable amor y el imprescindible humor”.

Explica que son textos breves “que a algunos les parecerán chistes, otros verán su lado poético, pero tienen cada uno una historia, a veces explícita y a veces con demasiada confianza en la complicidad del lector para completarlos”. De ahí el subtítulo: Ninis: ni cuentos ni poemas.

En el caso de Vademécum como lo menciona Roque, explica que tiene dos partes y poemas sueltos. “Una es Alqui-mía y otra Vía –cactea; la primera sobre el amor, la segunda sobre el desierto. ‘Vademécum’ es una invitación, y como los libros de medicina que así se llaman, aquí hay palabras que nos pueden llevar a conocer una fórmula (presentirla al menos), a preparar algo para curarnos, alucinar o morir. Así el amor o el dolor. La insolación y sus espejismos, la tranquilidad o la desesperación que pueden provocar un paisaje solitario o “una dosis” de miradas (o la falta de ellas). Física y química, que le dicen”.

“Como en mucho de lo que escribo -afirma Roque- hay referencias mitológicas al lado de búsquedas en mi interior. Hay un nombre y hay ficción, la palabra por la palabra. A veces afuera (aquí) hay tristeza, recuerdos, dolores físicos y mentales, pero algo me lleva al papel, al lienzo. Hay un nombre, un cuerpo, una memoria. Y hay que decirlo, escribirlo, con el riesgo de lo cursi o lo deprimente, porque también hay que hablar de la alegría de la piel y de los momentos, de las sensaciones tatuadas aquí y allá. No creo en la inspiración a secas pero creo en las musas”.

Explica sin embargo, sobre las costumbres negativas que campean también en la literatura: “Hay imágenes, líneas o versos, que dan en el blanco. Por ejemplo, hace tiempo publiqué en Twitter y luego en mi blog una línea que dice ‘sólo soy un daño colateral de tu mirada’, misma que después se apropió en su libro un joven ‘poeta’ e hizo toda una teoría al respecto. El plagio y la intertextualidad están de moda, todo tiene que ver con todo”.

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Publicado en El Placer de la cultura

fractales

“Piense usted una cosa: que estamos en un fractal. Usted también forma parte del fractal, un movimiento por su parte modifica el fractal, querido señor Mariposa, por ello debe agitar las alas como es debido”.

Antonio Tabucchi, “¿El aleteo de una mariposa en Nueva York puede provocar un tifón en Pequín?”, El ángel negro, Anagrama, 1998.

Al son del corazón

“Una música íntima no cesa” y da otro fondo, otro respirar a nuestra plática. “Suena a son moderno, a son de selva”…

Vas a morir por amor, dice mi primo.

“A son de orgía”…

Pero ella no me ama, respondo.

Mi primo sonríe.

Ella baila, me mira, gira y parece que todo gira, se desnuda poco a poco… No sé qué pensar, todo es latido.

Tú tienes su corazón aunque sea vengativo, añade mi primo y se va. Nos vemos.

Desnuda, ella me mira, mira a todos los que estamos alrededor como sus velos, en el piso y adorándola.

Pide un deseo. No a mí.

“El son del corazón”… y pierdo la cabeza… por última vez.