Invitaciones

1) Este año (30 de octubre, 1 y 2 de noviembre) quiero actualizar el blog “Muerte y arte en San Luis Potosí (y, obvio, más allá)“, por lo cual estoy hago una invitación abierta a colaborar. La idea es publicar diversos géneros, como cuento, ensayo, crónica, poesía, foto, video, etc., que se recibirán hasta el 30 de octubre.

2) Están abiertas las inscripciones para un curso-taller sobre literatura fantástica y de terror que daré a propósito del día del muertos, los días miércoles 26 y lunes 31 de octubre, de 4 a 7 pm en Fernando Rosas 192, casi esq. con Calzada de Guadalupe. Costo: $150.00, incluye material de lectura (pdfs), café y pan de muerto. Cupo limitado, confirmaciones por correo electrónico (debajodelagua@gmail.com). En noviembre habrá un curso corto (igual, seis a ocho horas) sobre novela de la Revolución Mexicana, quizá en la semana previa al día 20.

3) El jueves 27 de octubre participaré en la mesa de diálogo “Cuerpos que danzan, diálogos interdisciplinares”, en el lobby del Centro de las Artes, junto con los estimados colegas Martha Aguilar, Samuel Hernández y Carlos Tapia. Esta actividad forma parte del festival de danza Jueves en Movimiento, de la UASLP. Entrada libre.

4) Los invito a leer mi columna de esta semana en Pulso: “Tres funerales y un premio“. Y ojalá la lean cada domingo.

5) Los invito a ver la página de mi marca registrada Corazón Todito, que busca promocionar riquezas y arte de San Luis Potosí. (Busco socios.) https://corazontodito.blogspot.mx.

6) Para quienes viven o visitan la Ciudad de México, el viernes 28 de octubre se presenta la revista Esquizia. Revista de psicoanálisis filosofía y ciencias sociales en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, como parte del Cuarto Coloquio de Investigadores en Psicoanálisis de la Ciudad de México. Habrá también venta de algunos nuevos productos de Corazón Todito.

Seguiremos informando.

Mafia literaria local – Daniel Espartaco Sánchez

Cuaderno Underdog, Letras Libres

Debo admitirlo, tengo una tendencia a aislarme. Llevo una vida más o menos apacible, por no llamarla aburrida. Me dedico a escribir, a leer y a comerme las uñas. Nadie me invita a fiestas. Estoy consciente de que esto me impide ver más allá de mis narices, y es por eso que algunas veces, cuando me proponen dar un curso en alguna ciudad de la república, acepto sin dudarlo. Es cuando me doy cuenta de la existencia de todo un mundo allá afuera que la mayor parte del tiempo permanece oculto ante mí; un mundo que nada tiene que ver con el acto de la creación literaria, pero que se agita alrededor de esta como la rémora de un cachalote moribundo y al borde de la extinción.

Pero antes hablemos del misterio de la creación literaria, en qué debería de consistir. Básicamente podríamos reducirla a un trozo de papel y un lápiz. Que la misma necesita de un espacio, de un escritorio limpio, de una habitación fresca y bien iluminada, de paz interior y buena música, esto tampoco es un secreto. Todo esto es el derecho de cualquier autor: un refrigerador lleno, buena salud y, ¿por qué no?, a la creación literaria no le vienen mal algunas plantas de interior para purificar el ambiente. Eso es todo lo que se requiere, aunque insisto, basta con el papel y el lápiz… Pero uno no lleva más que unas horas en aquella apacible ciudad de provincia, cuando percibe que algo se agita bajo sus plazas soleadas y las fachadas de cantera al estilo neo clásico. Eso que se agita, querido lector, es el fantasma de la mafia literaria local. O tal vez exagero.

Del atlántico al pacífico, del río Bravo hacia el sur, toda ciudad mexicana tiene su mafia literaria local, compuesta principalmente por uno o dos capos (dos vacas sagradas locales) y un séquito de seguidores, admiradores y aduladores. No me interesa descubrir el hilo negro: esto es una verdad universalmente reconocida. Lo que me sorprende a veces es cómo fingimos no darnos cuenta, cómo vemos a esta mafia local como lo más normal del mundo. ¡Qué hipócritas somos! Y supongo que lo mismo sucede en los demás aspectos de nuestra sociedad. ¿Pero quiénes son estos señores, estos Tony Soprano? Los que se codean con el presidente municipal y el gobernador; los que deciden quién va a publicar en la editorial del gobierno; los que imparten talleres de literatura donde los asistentes duran años sin dar un paso adelante, eternamente estancados; los que deciden sin empacho quiénes irán al festival que organizan con el dinero de los contribuyentes (sus cuates, por supuesto); los que deciden quiénes aparecerán en las antologías (hoy por ti, mañana por mí; antológame que yo te antologaré; dame una plaza, licenciado, que yo respaldaré tu candidatura al municipio; publícame que yo te publicaré; prémiame que yo te premiaré, y un largo y aburrido etcétera). Y esto, que no tiene nada que ver con el acto de la creación literaria, en realidad carece de la mayor importancia, porque este semoviente por más sagrado que sea pocas veces logra trascender más allá de las vías del tren de San Juan de los Palotes. No me preocuparía tanto, y no escribiría sobre esto (hay hartos temas más interesantes) de no ser porque este sistema, esta manera de ver y organizar las cosas finalmente no hace sino estorbar al desarrollo del talento; pervertir a los escritores en ciernes, quienes desde muy pequeños aprenden que la única manera de progresar es besando traseros antes que ponerse a crear una obra literaria en serio. Usted no lo va a creer, pero en mi pueblo, San Juan de los Palotes, en la carrera de Letras Hispánicas hay dos asignaturas tituladas Literatura sanjuanpalotense I y Literatura sanjuanpalotense II (líbreme Dios de estar en ese programa), mismas que además ¡son obligatorias! para titularse. Ahí se les enseña a los jóvenes estudiantes todo un compendio de obras locales como si fueran clásicos de la lengua. Y por clásico me refiero a una obra tan ejemplar que es digna de imitarse. Por supuesto, quienes decidieron quién iba estar en el programa fueron los de la mafia local.

Pero un escritor joven que comienza de manera titubeante debe saber que es posible progresar sin tener que pasar por el aro de fuego de la mafia literaria; debe saber que es posible aprender a escribir sin necesidad de los sabios consejos del rebaño sagrado: basta con trabajar mucho, con leer a Balzac y a Dostoyevski, con los consejos de autores como Carver, Chéjov, Hemingway, que se consiguen gratis en internet, con tener un diccionario y una gramática a la mano; que todo lo que necesita saber está en The Art of Fiction de John Gardner (hay traducción mexicana: El arte de escribir novela y otros tipos de ficción. Editorial Publigrafics, S.A. México, 1987); pero más importante que todo, debe saber que, en mi opinión, para ser escritor o artista, o en su defecto poeta, hay algo que no se enseña en un taller de literatura, y eso es la ética, la dignidad, la sensibilidad social, el compromiso con el arte y el oficio, con lo humano, con la honestidad. Honestidad ante todo. No puede haber un escritor de talento sin esto. Hay que quedarse en casa y ponerse a escribir y a corregir más en vez de andar en presentaciones de libros y talleres para recoger las migajas que deja Tony Soprano. La literatura mexicana será mejor, y más democrática, en la medida en que dejemos atrás estos vicios. Selah.

Religión, impostura: Mario Vargas Llosa

  1. Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.
  2. No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.
  3. La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.
  4. En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.
  5. La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.
  6. En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.
  7. El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas).
  8. La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta.
  9. La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.
  10. La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.
  11. La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata.
  12. Para contar una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela.
  13. El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real.
  14. Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela.
  15. Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.

Novela y rebeldía (fragmento) – Albert Camus

La contradicción es la siguiente: el hombre rechaza el mundo tal cual es, sin aceptar escaparse. De hecho, los hombres tienen apego al mundo y, en su inmensa mayoría, no desean abandonarlo. Lejos de querer olvidarlo siempre, sufren, al contrario, por no poseerlo bastante, extraños ciudadanos del mundo, exiliados en su propia patria. Salvo en los instantes fulgurantes de la plenitud, toda realidad es para ellos inacabada. Sus actos les escapan en otros actos, vuelven a juzgarlos bajo rostros inesperados, huyen como el agua de Tántalo hacia una desembocadura ignorada aún. Conocer la desembocadura, dominar el curso del río, captar por fin la vida como destino, he ahí su verdadera nostalgia, en lo más denso de su patria. Pero esta visión que, en el conocimiento al menos, los reconciliaría por fin con ellos mismos, no puede aparecer, si es que aparece, más que en ese momento fugitivo que es la muerte: todo acaba en él. Para estar, una vez, en el mundo, es preciso no estar ya en él nunca más.

Nace aquí esa desgraciada envidia que tantos hombres sienten por la vida de los otros. Percibiendo esas existencias por fuera, les suponen una coherencia y una unidad que no pueden tener, en verdad, pero que parecen evidentes al observador. Éste no ve más que la línea superior de tales vidas, sin cobrar conciencia del detalle que las roe. Hacemos entonces arte de tales existencias. De modo elemental, las novelamos. Cada cual, en este sentido, trata de hacer de su vida una obra de arte. Deseamos que el amor dure y sabemos que no dura; aunque, por milagro, debiese durar toda una vida, sería aún inacabado. Quizás, en esta insaciable necesidad de durar, comprenderíamos mejor el sufrimiento terrestre si supiéramos que fuese eterno. Parece que a las grandes almas las asusta a veces menos el dolor que el hecho de que no dura. A falta de una felicidad infatigable, un largo sufrimiento crearía al menos un destino. Pero no, y nuestras peores torturas cesarán un día. Una mañana, después de tantas desesperaciones, un irreprimible deseo de vivir nos anunciará que todo ha terminado y que el sufrimiento ya no tiene más sentido que la felicidad.

He aquí, pues, un mundo imaginario, pero creado por la corrección de éste, un mundo en que el dolor puede, si quiere, durar hasta la muerte, en que las pasiones no se distraen nunca, en que los seres se entregan a una idea fija y están siempre presentes los unos para con los otros. El hombre se da al fin a sí mismo la forma y el límite apaciguador que persigue en vano en su condición. La novela fabrica destinos a la medida. Así es como compite con la creación y vence, provisionalmente, a la muerte. Un análisis detallado de las novelas más famosas mostraría, con perspectivas cada vez diferentes, que la esencia de la novela está en esa corrección perpetua, dirigida siempre en el mismo sentido, que el artista efectúa sobre su experiencia. Lejos de ser moral o puramente formal, esta corrección apunta primero a la unidad y traduce, con ello, una necesidad metafísica. La novela, a este nivel, es en primer lugar un ejercicio de la inteligencia al servicio de una sensibilidad nostálgica o en rebeldía. Se podría estudiar esta búsqueda de la unidad en la novela francesa de análisis, y en Melville, Balzac, Dostoievski o Tolstoi…

(ensayo completo en Ciudad Seva)

Un semestre más

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Un nuevo grupo en primer semestre. Es la séptima generación ya (hace unos días egresó la tercera) con la que ha sido un gusto compartir lecturas, comparaciones, teorías, “realidad” e imaginación, en esta posibilidad de aproximarnos a las letras desde la academia. Es muy poco el tiempo para las tantas lecturas y los demasiados libros (depende de cada quien aprovechar las vías a veces apenas insinuadas) pero siempre se aprende de alumnos y colegas. A veces me piden que diga cómo es tal o cual grupo, y nunca puedo hacerlo, porque el diálogo cambia a cada momento, porque cada personalidad es una perspectiva (que cambia cada día), porque es la diversidad es lo que nos hace crecer, porque hay alumnos que escriben mejor que algunos maestros, porque cada día pueden surgir nuevos mundos. Y por eso siempre a fin de semestre recuerdo las palabras de Nabokov: “El trabajo con este grupo ha supuesto una asociación especialmente agradable entre la fuente de mi voz y un jardín de oídos: unos abiertos, otros cerrados, muchos de ellos muy receptivos, unos pocos meramente ornamentales, pero todos humanos y divinos”.

Acerca de los estudios literarios – Jean-Marie Schaeffer

“Es cierto que, en todos los campos del conocimiento, la mayoría de los programas de investigación tienen como punto de partida proposiciones individuales. Pero, precisamente, se trata de proposiciones que garantizan un verdadero progreso del conocimiento tan sólo después de su puesta a prueba a cargo de otros investigadores y de la accesibilidad recíproca de los resultados. Justamente esa voluntad de contrastar las hipótesis de los otros es lo que más hace falta. Ahora bien, sólo esta interacción generalizada de hipótesis y trabajos puede llevarnos más lejos. ¡Cuántas veces nos quedamos sin cruzar puertas abiertas! Y no por falta de inteligencia, sino sencillamente por falta de una memoria continua de los saberes producidos por quienes nos han precedido. […] hay que saber si el estilo de investigación del futuro, en los estudios literarios, buscará multiplicar los puntos de contacto (y, por lo tanto, de fricción) entre los investigadores y sus respectivas proposiciones; o si cada quien seguirá, como ocurre muy a menudo, trabajando en su rincón, a fin de garantizar la identidad de su propia doctrina.”

Pequeña ecología de los estudios literarios. ¿Por qué y cómo estudiar la literatura?
Jean-Marie Schaeffer, FCE, 2013.

Literatura y sentido común – Vladimir Nabokov

nabokov“Las páginas todavía están en blanco, pero hay una sensación milagrosa de que todas las palabras están ahí, escritas con tinta invisible y clamando por hacerse visibles. Si quisierais podríais desarrollar cualquier parte del cuadro, pues la idea de secuencia no existe en realidad por lo que se refiere al autor. La secuencia surge sólo porque las palabras han de escribirse una tras otra en páginas sucesivas, del mismo modo que el lector debe tener tiempo para recorrer el libro, al menos la primera vez que lo lee. Tiempo y secuencia no pueden existir en la mente del autor porque ningún elemento temporal ni espacial habían gobernado la visión inicial. Si la mente estuviese construida con líneas opcionales y si un libro pudiera leerse de la misma manera que la mirada abarca un cuadro, es decir, sin preocuparse de ir laboriosamente de izquierda a derecha y sin el absurdo de los principios y los finales, ésta sería una forma ideal de apreciar una novela, porque así es como el autor lo ha visto en el momento de su concepción.
“De modo que ahora está preparado para escribirla. Se encuentra completamente equipado. Tiene la estilográfica llena, la casa está tranquila, el tabaco y las cerillas a un lado, la noche es joven… y nosotros le dejamos en su grata ocupación, salimos furtivamente, cerramos la puerta, y al marcharnos, echamos de la casa al monstruo ceñudo del sentido común que subía pesadamente a gimotear que el libro no es para el público en general, que el libro nunca nunca se… Y entonces, antes de que ese falso sentido común profiera la palabra v, e, n, d, e, r, á, tendremos que pegarle un tiro.

Te quiero más que a la sal… (fragmentos)

Fragmentos de la conferencia “Te quiero más que a la sal. La literatura y sus condimentos, recetario mínimo“, que tuve el honor de compartir en el Cbtis 186, de Salinas, San Luis Potosí, el pasado 7 de octubre, durante las actividades de su XXX aniversario.

conferencia en SalinasCuentan que hubo una vez una princesa que cuando su padre, un rey medio egoista, le preguntó cuánto lo quería, le respondió que más que a la sal. Otras de sus hijas le habían dicho que lo querían más que a las riquezas, o que a sus vestidos. El rey la corrió del palacio sin darle oportunidad de explicarse. La reina, su esposa, para darle una cachetada con guante blanco, le dio algunas veces comida con mucha sal y otras sin nada, insípida, sin chiste. El rey reculó.

Al buscar un tema ideal para platicar con jóvenes de Salinas, dentro de tantos que hay en la literatura, recordé esta vieja historia donde se resalta que hay cosas (momentos, gestos, detalles) a las que por pequeñas o comunes no les prestamos la atención debida, pero resaltan el sabor y hacen que nuestros sentidos, en este caso el del gusto, disfruten más.

Así, con mucho gusto y esperando darle sabor al caldo, los invito a que platiquemos de literatura, de esos mundos creados con palabras. Todo lo que conocemos, la realidad, dicen algunos escritores, está hecho de palabras, palabras que significan algo y es en los libros donde podemos encontrar todos los mundos que se han construído desde hace mucho, desde hace miles de años. […]

En el Cbtis 186 de SalinasSi decimos sal podemos pensar en comida, pero también en el mar, en desiertos. Hay historias donde el castigo por desobedecer es transformarse en sal. Una de estas historias está en la Biblia, donde Lot y su esposa son salvados por Dios de la destrucción de Sodoma y Gomorra, ciudades llenas de pecado, por ser ellos puros. Pero Dios les pone una condición, deben irse sin voltear, sin ver las llamas de sus casas y sus calles. La esposa de Lot no resiste la tentación y se convierte en una estatua de sal.

[…] De la sal se extrae el sodio, indispensable para la vida. Somos agua, pero también sal. Sangre, sudor y lágrimas son salados. Ustedes son la sal de la tierra, dijo Jesucristo en su sermón. Y debemos acordarnos que para el azúcar existen sustitutos, pero para la sal, no.

Disfrutar una lectura es fácil, cualquiera puede hacerlo, pero no cualquiera tiene el sentido del gusto literario muy desarrollado como para decidir que un cuento o un poema están muy salados o muy insípidos. No es lo mismo leer a los clásicos que los bestsellers, y no es lo mismo leer una novela vaquera que una de misterio, donde tenemos que resolver un asesinato o decubrir algo junto con los protagonistas.

Y todos leemos o comemos a veces sin saber mucho de gastronomía o de literatura, a veces por antojo y otras veces porque nos dicen que es bueno para nuestra salud. Hay comida muy sabrosa pero que no es nutritiva, hay comida que nos engorda y otra, cocina gourmett, le llaman, que combina olores y sabores para que, uno por uno o todos juntos, produzcan sensaciones. La cocina gourmett es muy cara, y no siempre tenemos a la mano comida saludable, en la tiendita de la esquina casi siempre se consiguen botanas, grasosas, picantes. Así pasa en la literatura, no siempre los mejores libros son los que se consiguen en las librerías o los que más se venden. Una historia puede ser muy picante, un poema muy cursi y un personaje muy imponente, pero la buena literatura, con todas sus posibilidades, va más allá de eso.

Comparar la lectura con la alimentación no es una ocurrencia mía. Ya los antiguos romanos decían en buen latín Mens sana in corpore sano, mente sana en cuerpo sano. Y Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las Maravillas, decía que “deberíamos de preocuparnos por suministrar a la mente su propio tipo de alimento”. Y cito: “Desde muy pronto aprendemos qué debemos y qué no debemos hacer con el cuerpo, y no nos resulta apenas difícil rechazar una porción del tentador pudín o pastel que está asociado en nuestra memoria a una terrorífica indigestión y cuyo solo irresistible nombre nos evoca al ruibarbo y la magnesia. Sin embargo, nos lleva mucho tiempo convencernos de lo indigestos que son algunos de nuestros pasajes literarios favoritos; una vez tras otra preparamos comidas con novelas poco saludables, sabiendo perfectamente que nos traerán el consabido bajo estado anímico, desgana para el trabajo, hastío existencial, y, en resumen, una pesadilla mental”.

Incluso Stephen King, el novelista de terror más famoso (ustedes deben recordar al menos las películas Eso o El resplandor), ha mostrado que no se toma muy en serio y alguna vez dijo en una entrevista que él para la literatura de Estados Unidos sus novelas son como una hamburguesa con papas. O sea quizá no muy nutritivas, no lo mejor, pero sí sabrosas y disfrutables.

[…] Todos tenemos autores favoritos y un restorán donde guisan muy rico. Siempre hay alguien en la casa que tiene muy buen sazón y alguien que aunque quiera se le quema hasta el agua. Hay que escribir y que leer más. No se puede ser cocinero sin echar a perder unos platillos. Y dice el dicho popular que a la mejor cocinera se le va un tomate entero. Un buen escritor tiene que escribir y corregir, en el papel, antes de que alguien más pruebe su texto y le diga que está muy salado. Hay muchos trucos y muchas recetas, y es de lo que vamos a platicar…

Inauguración de los festejos del XXX aniversario

¡Feliz día internacional de la salud mental!

les desean Charles Kinbote, Cosimo, Alicia, Alonso Quijano, Polifemo, Emma Bovary, Juan Pablo Castel, Humbert Humbert, Jack Torrance, Pan, Tomás Rodaja, Lemuel Gulliver, Annie Wilkes, Asterión, Winston Smith, Gregorio Samsa, Prometeo, Alex DeLarge, Sísifo, Frederick el coleccionista, José Arcadio Buendía, Bartleby, Ahab, Hamlet, Edipo, Hannibal Lecter, Werther, Merlina, Electra…

(siguen firmas)