Al pie de la imagen de Santa Cecilia – Juan de Dios Peza

Al pie de la imagen de Santa Cecilia,
un triste bohemio comenzó a tocar,
diciendo en voz baja:
No tengo familia, ni patria, ni rumbo, ni hogar.
Vengo en busca tuya, lloroso y hambriento,
para que te apiades de mi situación.
Con que tú lo ordenes en tu pensamiento,
se abrirán las puertas de cualquier mesón.
La música aquella seduce y encanta.
De pronto, un objeto cayó al violín,
y era que la imagen moviendo su planta,
al mísero artista le dio un escarpín.
Llorando de gozo se alejó en seguida.
Uno, al ver la joya, le llamó ladrón,
y lo condenaron a que con la vida
pagara su infame y sacrílega acción.
Por más que gritaba que él era inocente,
no pudo, no pudo convencer al juez.
Ante su protesta aullaba la gente:
Si se te calumnia prueba tu honradez.
Cuando de su llanto vio la ineficacia
y se preparaba, su vida a inmolar,
pidió le dejasen como última gracia,
al pie de la imagen volver a tocar.
Tocó como nunca, con la frente erguida,
mirando a la santa con mística unción,
diciendo en voz baja: defiende mi vida,
probando a tus fieles que no soy ladrón.
Cayó de rodillas la turba siniestra
cuando el sentenciado besó su violín,
y era que la imagen dejaba en su diestra,
con sus propias manos,
el otro escarpín.