Microsueños

Acomodado en mi butaca, estoy a punto de dormirme. La película me da ideas pero al cerrar los ojos se cruzan con otras, y otras. Microsueños, les dicen. Es una lástima no poder meter al cine una libreta y una lamparita para tomar notas. Después de un rato, las ideas se van. Da igual. Pienso en tu sonrisa: protagonista y objeto del deseo, realidad y sueño, clímax y desenlace. Da igual si la escribo o no: existe.

Tímidos rompecabezas

Al crear los cielos y la tierra, al separar la luz de las tinieblas y juntar las aguas y darles ritmo de olas, en ese hacer bahías, penínsulas e islas, y poblarlas con pulpos y sirenas, al hacer que la tierra produjera hierbas, árboles y raíces, perfumadas flores, frutos variopintos —prohibidos y no—, al crear lumbreras, el Verbo pasó seis días, en los que también creó al varón y a la mujer, con sus tiempos y sus insomnios.

El séptimo reposó y en el octavo día, travieso, escondió algunas vías de acceso entre los cielos y la tierra, entre la luz y las tinieblas, entre la tierra y el mar: compartió unos cuantos de los sueños que tuvo el día anterior y le dio a los recién creados la capacidad de sentirlos, adaptarlos y recrearlos.

Dejó huellas y atisbos, fisuras, portales entre pasado y presente, entre realidad e imaginación: divagaciones, alucinaciones, ensoñaciones, miradas, metamorfosis, pesadillas. Dejó los alfabetos, tímidos rompecabezas, al alcance del ser humano.