¿Por qué?

¿Que por qué?
porque sí.
¿Por qué no?
Por todo
(enumero y describo, te recorro)
y nada
(porque te amo y ya)
Porque eres tú
voz y piel, capricho y razón
porque me llevas al límite
porque me haces y rehaces
me separas y reparas.
Eres mi Tema.
Aunque no te sirva de nada
aunque no me entienda
aunque sea a destiempo
retrasado yo

siempre.
sin palabras
sin peros
y a pesar de los no obstantes.

 

Todos los textos

Le pedí a los alumnos como ejercicio una carta de amor, y reconocí que soy un cursi, que escribo para ella y empalago. Pero parece que a quién escribo es la única que sabe que le escribo. Diario, cuento o poema, para todo pienso en ella. Así fuera un diccionario estaría pensando en ella, escribiendo para ella, no para definirla sino para contextualizarla, de la a a la z, subjuntiva, imperativamente conjugarla, todos los tiempos, ojalá en presente, futuro. Pienso que su tesis es un poema, que los correos son memorandums, que me protagoniza con unas cuentas palabras. Podría ser el mal de Montano u otro parecido, pero escribo y en todo aparece, me habita. Niña Fausto, faustina, lolita: polisémica, todo lo sobreinterpreta, Me vuelve viejo en un minuto y con una mirada me rejuvenece. Bien dice Brecht: “Quiero ir con aquella a quien amo./ No quiero calcular lo que cuesta./ No quiero averiguar si es bueno./ No quiero saber si me ama./ Quiero ir con aquella a quien amo”.

Apuntes

Su risa y su vibrato. Es pánica, única. Como toda musa se deja llevar por sus miedos, se esconde en el agua al verme como minotauro. Y a pesar de mis cuernos, mira tan ferreamente que imanta. Me gustaría que no construyera laberintos. Dormiría a sus pies o en el sillón con tal de verla soñar. Y es que sin ella no sé (no tengo sabor). En su piel plasmé un autorretrato, obra maestra (ella, no los trazos de mi rostro y con mi rostro). Allí me quedé, allí no envejezco mientras acá un viejo enfermo —Nadie, que se arranca los ojos para que no estorben la huída— se sienta cada noche a escribir palabras como estas.