Un semestre más

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Un nuevo grupo en primer semestre. Es la séptima generación ya (hace unos días egresó la tercera) con la que ha sido un gusto compartir lecturas, comparaciones, teorías, “realidad” e imaginación, en esta posibilidad de aproximarnos a las letras desde la academia. Es muy poco el tiempo para las tantas lecturas y los demasiados libros (depende de cada quien aprovechar las vías a veces apenas insinuadas) pero siempre se aprende de alumnos y colegas. A veces me piden que diga cómo es tal o cual grupo, y nunca puedo hacerlo, porque el diálogo cambia a cada momento, porque cada personalidad es una perspectiva (que cambia cada día), porque es la diversidad es lo que nos hace crecer, porque hay alumnos que escriben mejor que algunos maestros, porque cada día pueden surgir nuevos mundos. Y por eso siempre a fin de semestre recuerdo las palabras de Nabokov: “El trabajo con este grupo ha supuesto una asociación especialmente agradable entre la fuente de mi voz y un jardín de oídos: unos abiertos, otros cerrados, muchos de ellos muy receptivos, unos pocos meramente ornamentales, pero todos humanos y divinos”.

Geografía

Leo (y corrijo) un (buen) trabajo recepcional de un alumno de la licenciatura en geografía de la UASLP. “Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson”, escribió Borges. Y los acompaño en esta noche (al alumno y a Borges, a cartógrafos y cartomancianos: los que escriben y los que leen) con un vaso de jerez y un poema de Josefa Parra:

Te buscaré en los mapas,

lentamente palpando las líneas divisorias,

sorteando montañas y estaciones,

descifrando el azul del mar y de los ríos

lentamente acechando

un nombre que te diga y me alimente,

un resquicio de luz hecha palabra,

ciudad, pueblo, accidente, tal vez tierra.

Volviendo del revés la geografía,

te buscaré, por entre los dibujos

y los signos pintados, lentamente,

sin tregua, sin remedio,

lentamente en los atlas,

sin fe, sin esperanza.

Para invocar a las musas

¿Y por qué no empezar hoy en la Caja Real de la UASLP una tarde de letras y baile, y musas y ausencias y reverencias con “Lectura“, de Wislawa Szymborska?

No ser un púgil, Musa, es como no ser nada.
Nos negaste un auditorio enardecido.
Hay doce personas en la sala,
es hora de empezar.
La mitad vino porque llueve,
Los demás son parientes. Musa.

Las mujeres podrían desmayarse en esta tarde de otoño,
y lo harán, pero sólo frente al ring.
Escenas dantescas sólo allí.
Y el éxtasis. Musa.

No ser un boxeador, ser un poeta,
con una condena a poemas forzados,
y a falta de músculos mostrarle al mundo
-en el mejor de los casos- una lectura escolar en el futuro.
Oh Musa. Oh Pegaso,
ángel equino.

En la primera fila un viejecito sueña dulcemente
que su difunta esposa ha vuelto de la tumba
para hornearle una tarta de ciruelas.
Con fuego, pero no muy alto, porque se quema la tarta,
comenzamos la lectura, Musa.

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De “Llamando al Yeti” 1957
Versión de Gerardo Beltrán en amediavoz.