Cuarta poesía vertical. Número 43 – Roberto Juarroz

Conglomerado de consumos tristes,
suma y montón de trampas
recolección anónima
de los plurales de la muerte.

Y enfrente, la pasión,
vidamás de la vida,
chispa en el relámpago,
deshielo de la belleza,
escarapela sobre el corazón del caos,
látigo de muchas puntas.

Y enfrente,
el contemplador de ambos fracasos.
Y también del fracaso
de contemplar el fracaso.

Y es allí,
en ese punto de madurez negativa,
donde salta el resorte:
la fe en nada,
la fe de fe,
la fe que no tiene enfrente,
la fe que no es posible contemplar.

 

Otra lista de libros

Pues van los primeros, y de la mayoría he hablado ya. Presunción o incitación, de retos a retos, se ha hecho la cadena de “libros que me marcaron” o “favoritos”. Va. Aquí hay un par de casos que no son libros, sino autores, o un tema, todos releídos y de cabecera. Son puntas de icebergs, hilos para desenredar madejas, para atrapar sueños.
1. Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.
2. Italo Calvino.
3. Las mil y una noches.
4. Vladimir Nabokov.
5. La odisea.
6. Mitología griega.
7. 1984, de George Orwell.
8. El libro de la imaginación, de Edmundo Valadez (comp.)
9. Fausto, de Goethe
10. Sandokan, el Tigre de la Malasia, de Emilio Salgari.
11. El miedo a los animales, de Enrique Serna.
12. Gonzalo Rojas.
13. Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes.

Instrucciones para llorar – Julio Cortázar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Los poetas, los amigos

Tomado de “El poeta, el amigo“, de Tomás Calvillo. hermoso texto sobre el maestro, el poeta, el amigo, Luis Cortés Bargalló. Por las palabras y las acciones, mi gratitud por siempre a ambos.

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Como tijuanense en la Ciudad de México, Luis Cortés me enseño el desenfado, la soltura del desparpajo, que no se desbarrancaba como el desmadre y si ayudaba a aligerar el peso de la gravedad de nuestra cultura del altiplano, asentada en el ombligo del conejo de la luna. […] Ahora que viajo en un autobús que ha dejado atrás la ciudad de San Luis Potosí, leo su último libro de poesía, Filos de un haz y envés, publicado en 2007.

Bosque de yucas
Soles aspirados
Párpados agudos
Cirios y cardones
En el polvo Indescifrable
Descargada
La fricción
Se cristalizan
Como sílabas
Sedientas
Y de pie

Leo sus poemas a la velocidad de la luz donde el paisaje se revela como la metáfora de la propia naturaleza  de las palabras, alquimia y simbiosis, la cultura y la naturaleza; poemas donde el tiempo es un ajuste entre el presente y la memoria que sus vocablos calibran, como en su texto Haciendo cola en la garita de San Isidro:

En un principio primero fuimos a ver como sacaban
al hombre que murió de frío en una zanja fronteriza.
Era de Zirahuen —decía la gente—, pestilencia y suciedad
con ojos blancos. Y me regresé a la casa
y mis padres se enfadaron
pero me dijeron que venía de un lugar muy bello y pobre,
con una laguna de plata que me reinmigró a sus ojos.