¡Inventa la realidad!

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—¡Anímate un poco! —exclamaba mi tía—. ¡Mira los arlequines!

—¿Qué arlequines? ¿Dónde están?

—Oh, en todas partes. A tu alrededor. Los árboles son arlequines. Las palabras son arlequines, como las situaciones y las sumas. Junta dos cosas (bromas, imágenes) y tendrás un triple arlequín. ¡Vamos! ¡Juega! ¡Inventa el mundo! ¡Inventa la realidad!

(Vladimir Nabokov)

Emmanuel Carballo (1929-2014)

18-carballo-500x375Y llueve sobre mojado. “Una figura molesta pero necesaria” se ha ido. Emmanuel Carballo era un crítico literario cítrico, lúcido y ácido. Podía uno no estar de acuerdo con él pero de que daba en el blanco lo hacía. No podía uno permanecer indiferente ante los cuestionamientos e ironías que con conocimiento de causa soltaba el tapatío, autor de libros ampliamente fundamentados, fundamentales para la enseñanza de la literatura.

Consideraba como los cinco grandes de la literatura mexicana, autores de una literatura universal, a Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos, José Gorostiza y Octavio Paz. Luego, de más acá (relativamente), enlistaba a Francisco Rojas González, Ramón Rubín, José Agustín, José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Juan García Ponce, Salvador Elizondo y Carlos Monsiváis. Aclaraba: “Pero te voy a decir una cosa: Los cinco grandes son autores de exportación, mientras que estos otros que te enumero son más de consumo doméstico”.

Y venía la provocación: “Ahora se lee a Laura Esquivel y Xavier Velasco, escritores de segunda, tercera y cuarta categoría, facilones, para secretarias que mascan chicle y para muchachos que no tienen la menor cultura literaria. La literatura es la conjunción entre un tema y la manera adecuada de tratarlo. El puro tema es como un bistec crudo y a mí no me gusta la carne tártara. La literatura es el tema, más la estructura, el estilo y, en el caso de una novela o cuento, la creación de personajes”.

Presentó su último libro en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. “Yo sigo escribiendo. Y no dejo de hacerlo todos los días. Lo difícil es que hoy escriba y mañana lo acepte porque esto pasa por muchas correcciones. Hay cosas que empecé a escribir en 1954 y no se publicaron hasta 1960, 1970 ó 1980. Uno trabaja y trabaja, pero unas veces se acierta y otras se fracasa”.

De sus obras destacan El cuento mexicano del siglo XX (1964), Diccionario crítico de las letras mexicanas en el siglo XIX (2001), Protagonistas de la literatura mexicana (1965) y Párrafos para un libro que no publicaré nunca (2013).

Tantas muertes, tantos maestros en la aventura de unir palabras, de entenderlas y sacarles chispas. Es inevitable la sensación de orfandad, de recorrer el librero y sentir que cada vez hay más interletrado, que las palabras se opacan; mirar en derredor y preguntar quién, cuándo…

Amad a su doppelgänger como a si mismos

2012-01-01 00.00.00-47Cuando el rabí conoció al de Keriot no pudo evitar un gesto de asombro: era igual a él en todo, excepto en que su doble tenía un gesto de burla permanente en la boca y de sombrías dudas en la mirada. Dado que el rabí no gustaba de tocar dinero nombró tesorero al recién llegado: quizá lo podría enseñar a multiplicar las monedas para las obras de caridad. Pocos los confundían, al menos por las ropas, las del discípulo rojas, las otras blancas, el primero siempre en las sombras, el de blanco siempre en el centro de la atención. La noche del jueves el rabí erró y le dijo al espejo: haz lo que tengas que hacer. El de Keriot no lo besó, se besaron. Sin ropas, uno de los dos fue crucificado y el otro se colgó al no poder cumplir con su misión, mientras los once, escondidos, no sabían qué hacer con las veintinueve monedas que alguien había dejado en la entrada de la cueva. Unos años después se hizo costumbre quemar al discípulo acusado de traidos, su efigie al menos, pero siempre que alguien prende la pólvora de su interior empieza a llover. La lluvia es la que forma figuras maravillosas.

GGM: “No estar nunca más con los amigos”

gabo_hospitalizado7“Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos […] En poco más de un año, seis de los dieciocho temas se fueron al cesto de los papeles, y entre ellos el de mis funerales, pues nunca logré que fuera una parranda como la del sueño” (Doce cuentos peregrinos).

 

Frente a la hoja en blanco recuerdo que a los siete años un viaje al librero de mi padre me llevó a conocer a la cándida Eréndira y a su bestial abuela de sangre verde. Pobre Ulises. Magia, las palabras pueden arder o quemar como el hielo, pensé, creo que pensé (sí, al menos así lo recuerdo). Luego fueron el coronel y la hojarasca, sus consejos para escribir, sus cien multicolores años, con hijos y renaceres y calores hasta llegar a su pálido homenaje a Kawabata. En la licenciatura fue ejemplo de cómo hacer periodismo, ese género literario tan menospreciado, peligroso y mal pagado, tan necesario cuando se hace bien.

Inicios memorables, de esos que se quedan en la mente del lector cómplice. La palabra grave o aguda, siempre incisiva. El adjetivo necesario, el que rompe y evoca. Hizo volar a cientos, miles, millones, con una magia realista, y vivió para contarla. Hoy Gabriel José de la Concordia ha muerto. Escribía para que lo quisieran y lo logró: seguirá con los amigos, esta noche continuará la parranda con cada uno de nosotros.

 

Nina Cassiain (1924-2014)

SÍRVASE CEDERLE EL ASIENTO A LOS ANCIANOS O A LOS MINUSVÁLIDOS

Hice todo el viaje de pie:
nadie me cedió el asiento
pese a que yo tenía unos cien años más que otros pasajeros
pese a que en mí eran obvios
los signos de tres grandes males:
el Orgullo, el Arte, la Soledad.

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ALEGRÍA

Gozo mezclando mis cabellos con vosotras, hojas del otoño,
corriendo por el bosque loco, resbalando, riendo y arañando
mis mejillas en vuestras formas rugosas.
Me alegra poder lanzar
en el Otoño rojo mi grito solo y profundo
bajo las bóvedas de oro seco, en el susurro del viento.
Me gusta huir, caer y reír sobre la tierra adornada
por los mil labios de tu sonrisa amarilla,
Otoño!

(traducción de Pablo Neruda)