Instrucciones para llorar – Julio Cortázar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Los poetas, los amigos

Tomado de “El poeta, el amigo“, de Tomás Calvillo. hermoso texto sobre el maestro, el poeta, el amigo, Luis Cortés Bargalló. Por las palabras y las acciones, mi gratitud por siempre a ambos.

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Como tijuanense en la Ciudad de México, Luis Cortés me enseño el desenfado, la soltura del desparpajo, que no se desbarrancaba como el desmadre y si ayudaba a aligerar el peso de la gravedad de nuestra cultura del altiplano, asentada en el ombligo del conejo de la luna. […] Ahora que viajo en un autobús que ha dejado atrás la ciudad de San Luis Potosí, leo su último libro de poesía, Filos de un haz y envés, publicado en 2007.

Bosque de yucas
Soles aspirados
Párpados agudos
Cirios y cardones
En el polvo Indescifrable
Descargada
La fricción
Se cristalizan
Como sílabas
Sedientas
Y de pie

Leo sus poemas a la velocidad de la luz donde el paisaje se revela como la metáfora de la propia naturaleza  de las palabras, alquimia y simbiosis, la cultura y la naturaleza; poemas donde el tiempo es un ajuste entre el presente y la memoria que sus vocablos calibran, como en su texto Haciendo cola en la garita de San Isidro:

En un principio primero fuimos a ver como sacaban
al hombre que murió de frío en una zanja fronteriza.
Era de Zirahuen —decía la gente—, pestilencia y suciedad
con ojos blancos. Y me regresé a la casa
y mis padres se enfadaron
pero me dijeron que venía de un lugar muy bello y pobre,
con una laguna de plata que me reinmigró a sus ojos.

Jueves 29, Biblioteca Central del Estado

a. roque lectura (16)

La foto es de hace unos años, ¿cinco?, cuando el poeta Héctor Esquer, amigo y admirado colega, era director del Museo Othoniano, y leí, y me escucharon, creo. Era principios de año. De nueva cuenta me ha invitado a leer algo de mi obra, ahora en la Biblioteca Central del Estado, de la que hoy es director. La cita es este jueves 29 de mayo a las 18:00 horas, muy cerca de la alameda Juan Sarabia, en Manuel José Othón: entre Chicosein y 20 de Noviembre. Algunos cuentos y un fragmento de novela vendrán bien. Creo. Si van, ahí nos saludamos, y gracias. ¿Y Si no? Pues… bueno. Nadie tiene la culpa de que el otro escriba. Luego sucede que no hay más que los cinco que van a todas las presentaciones en SLP. Bienvenidos. Cuando no hay público igual viene bien leer, repasar con la voz los errores del texto, sentir el ritmo de letras, palabras, oraciones. Se escribe a solas, siempre a solas, se mastican los sentimientos y hay que rumiarlos a veces horas nalga, anclados. Se escribe por un paisaje, un momento íntimo, una anécdota o una nube. Se escribe, sí, para alguien, y pasa que a quien se le escribe no entiende o no le gusta. O hay quien se siente aludido. No pasa nada. Como dijo Roland Barthes: “saber que esas cosas que voy a escribir no me harán amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura”.

Tres cortitos

hojas1

Érase una vez un hombre deprimido que… estaba… eh… permanecía… que quería… bueno, no.
No era nada importante lo que iba a contarles…

 

2

Cuando leyeron un texto en el taller creí que me habían plagiado. All llegar a la casa revisé mi computadora: al texto que escribí le había inventado otro autor.

 

3

Pongo postits en las hojas en blanco que un día escribiré,
amor, escribiremos.