GGM: “No estar nunca más con los amigos”

gabo_hospitalizado7“Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos […] En poco más de un año, seis de los dieciocho temas se fueron al cesto de los papeles, y entre ellos el de mis funerales, pues nunca logré que fuera una parranda como la del sueño” (Doce cuentos peregrinos).

 

Frente a la hoja en blanco recuerdo que a los siete años un viaje al librero de mi padre me llevó a conocer a la cándida Eréndira y a su bestial abuela de sangre verde. Pobre Ulises. Magia, las palabras pueden arder o quemar como el hielo, pensé, creo que pensé (sí, al menos así lo recuerdo). Luego fueron el coronel y la hojarasca, sus consejos para escribir, sus cien multicolores años, con hijos y renaceres y calores hasta llegar a su pálido homenaje a Kawabata. En la licenciatura fue ejemplo de cómo hacer periodismo, ese género literario tan menospreciado, peligroso y mal pagado, tan necesario cuando se hace bien.

Inicios memorables, de esos que se quedan en la mente del lector cómplice. La palabra grave o aguda, siempre incisiva. El adjetivo necesario, el que rompe y evoca. Hizo volar a cientos, miles, millones, con una magia realista, y vivió para contarla. Hoy Gabriel José de la Concordia ha muerto. Escribía para que lo quisieran y lo logró: seguirá con los amigos, esta noche continuará la parranda con cada uno de nosotros.

 

Luna roja 1: Joan Miró – José Hierro

1976_82EL PAJARO RELAMPAGO MIRO

El pájaro relámpago cegado por el fuego de la luna (Joan Miró, 1955)

Aquí se instala, entre los astros oxidados, frente al aro de miel que esconde en su zumbido un pájaro desangrado en la noche, mito a mito. La estrella azul ladraba al perro negro.

El perro amarillo ladraba a la luna roja.

Sube el viento por la escala sin término, y arriba lo acechaba el ópalo transformado en Julieta, en acanto, en campana, en más pájaro…

(completo acá…)

Llamada, madrugada

Me informan que murió uno de mis doppelgänger. La llamada es confusa, no reconozco la voz femenina. Espero que no haya sido el que escribía con mi nombre, porque era el más inspirado de los cinco, el más alegre. Hay uno está en el futuro y viaja a verme de vez en cuando, para advertirme de los cuentos que iba a publicar y con los que no pasaría nada. Dice que voy a publicar uno bueno, pero no puede decirme de qué, o cuándo. Iba, si murió quien presiento: yo le daba los recados y a él parecía no importarle. Más que doppelgänger era dasein, sólo le importaba escribir. Ojalá, le siga importando y que hayan muerto o el borracho o el miedoso, buenos amigos de parranda pero muy callados. Espero reunirme con los dos que quedan, para ver qué haremos de aquí en adelante. Ninguno contesta mis llamadas. ¿Y si yo fui el que murió y es que él se presta a darme voz, como lo hizo tantas veces mientras yo vivía?